La imagen tradicionalmente asociada a la vejez suele estar protagonizada por abuelos rodeados de nietos y en constante contacto con sus hijos. No obstante, para las personas mayores del colectivo LGTBI, esta etapa de la vida se manifiesta de manera distinta. Muchos no han tenido descendencia o se han distanciado de sus familias al declarar su orientación sexual, lo cual implica que las visitas familiares comunes no sean parte de su día a día.
La realidad de una tercera edad distinta
Josep Maria Mesquida, presidente de la Fundació Enllaç de Catalunya, destaca que las personas mayores LGTBI enfrentan una senectud marcada por la soledad, pero también por un fuerte sentido de comunidad. “No nos consideramos abuelos en el sentido tradicional porque no lo somos. No tenemos nietos ni una red familiar típica. Formamos parte de una tercera edad con situaciones y expectativas diferentes, pero con un deseo ferviente de vivir plenamente nuestras vidas respetados por la sociedad”, afirma Mesquida.
Redes de apoyo y familia elegida
Ante la ausencia de hijos y nietos, las personas mayores LGTBI han creado redes de apoyo basadas en la amistad y el activismo. “Nuestra red afectiva la componen amigos y, en ocasiones, las asociaciones donde hemos practicado el activismo durante años. Esta red constituye nuestra familia elegida”, explica Mesquida. La Fundació Enllaç planea realizar talleres y charlas sobre la sexualidad en la tercera edad durante las celebraciones del Orgullo, en las que se abordarán temas como el deseo sexual, la viagra y la salud prostática.
“Queremos reivindicar una jubilación plena de sexo, porque el mayor LGTBI se distingue por ser muy activo en todos los ámbitos”, añade Mesquida.
Un modelo de vejez activa
Dídac, un bisexual de 81 años residente en Barcelona, ejemplifica el concepto de “vejez activa”. Su rutina diaria incluye actividades físicas en el gimnasio, participación en asociaciones y diversas tareas que lo mantienen ocupado. Aunque vive solo, no teme a la soledad y enfatiza la importancia de seguir avanzando y luchar por nuevas causas. “Siento que estoy en la mejor etapa de mi vida”, asegura Dídac.
Desafíos económicos y de salud
La calidad de vida en la vejez depende en gran medida de la salud y la situación económica. Según Juan José Argüello, presidente de la Fundación 26 de Diciembre de Madrid, muchas personas mayores LGTBI enfrentan precariedad económica debido a la falta de cotización o bajos salarios durante su vida laboral, lo que complica el acceso a residencias.
Integración y proyectos inclusivos
La Fundación 26 de Diciembre está desarrollando la Residencia Josete Massa, un proyecto geriátrico que busca ofrecer un espacio inclusivo y especializado para personas LGTBI. El objetivo es que los residentes puedan vivir su sexualidad y vejez con libertad. La residencia contará con 68 habitaciones y se espera que su inauguración sea en 2027.
“El objetivo debe ser que cada persona pueda vivir su sexualidad y su vejez en libertad”, subraya Argüello.
Simultáneamente, la Fundació Enllaç en Catalunya promueve la creación de centros de día, cooperativas de amigos y casares, aunque Mesquida no está a favor de las residencias específicas para el colectivo. “Formar al personal de las residencias generales para que respeten la sexualidad de los internos LGTBI es más beneficioso para la integración”, advierte Mesquida.
Estos proyectos reflejan un enfoque innovador hacia el envejecimiento en el colectivo LGTBI, anticipándose a un futuro donde las estructuras familiares tradicionales son desafiadas por la realidad de una población cada vez más diversa.
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