La reunión celebrada entre Donald Trump y Xi Jinping en el Palacio del Pueblo de Pekín se destacó por un elaborado protocolo que reflejaba la rica historia cultural de China. En un país que se enorgullece de sus más de cinco mil años de tradición, el ceremonial se utilizó como una herramienta diplomática para impresionar al mandatario estadounidense.
Protocolo y simbolismo en la mesa
Durante el encuentro, se dispuso una mesa que no solo buscaba agasajar a Trump, sino también recordarle la importancia histórica de China. La disposición incluía una tarjeta a la izquierda del lugar del expresidente, con su nombre traducido al chino, zongton, que significa presidente. En cambio, la tarjeta correspondiente a Xi Jinping no incluía traducción al inglés, haciendo hincapié en el uso del color rojo y el emblema nacional, elementos obligatorios en el protocolo chino.
Los vasos utilizados por los comensales estaban cubiertos con una tapa de papel que únicamente se retiró una vez que Xi Jinping tomó asiento. Esta práctica se implementó como medida higiénica, asegurando que nadie había tocado las copas antes del servicio. En cada cubierta se leía “Gran Salón del Pueblo” en letras doradas, un detalle que subrayaba la solemnidad del evento.
Elementos culturales en la cubertería
El uso de palillos junto a cubiertos occidentales en la mesa reflejó un gesto de respeto hacia ambas culturas. Los palillos, decorados con la inscripción del “Gran Salón del Pueblo”, compartieron protagonismo con la cubertería dorada, elegida en honor a la preferencia de Trump por el oro, un metal presente en sus propiedades y oficinas.
La porcelana también jugó un papel destacado, con una cloche utilizada para mantener caliente el primer plato, un elemento que remonta a la alta gastronomía europea del siglo XVII. Se dice que la cloche colocada ante Trump pertenecía a la dinastía Qing, que gobernó China hasta 1912.
Menú diplomático
El menú diseñado para esta cumbre incluyó platos cuidadosamente seleccionados. Los comensales disfrutaron de langosta en sopa de tomate, salmón en salsa de mostaza, bollo de cerdo frito y un pastel salado. El postre consistió en tiramisú, fruta y helado. La decoración de la mesa presentaba motivos florales, simulando un lago con cisnes y pequeñas reproducciones de palacios chinos.
Durante el brindis, Xi Jinping alzó una copa de vino blanco. En contraste, la copa de Trump permaneció vacía, una elección acorde a su conocida abstinencia debido a problemas familiares con el alcohol.
Comparación de encuentros diplomáticos
Este tipo de diplomacia gastronómica no es nuevo en las relaciones entre China y Estados Unidos. En 2017, cuando Xi visitó la residencia de Trump en Mar-a-Lago, se ofreció un menú más sencillo: ensalada César, lenguado o filete de Nueva York y pastel de chocolate o sorbete como postre. La mesa se adornó con candelabros de plata bajo la luz de lámparas de araña.
A pesar de la suntuosidad de estos banquetes, los avances diplomáticos significativos aún no se han concretado. El caso de Henry Kissinger resalta en la historia de las relaciones entre ambos países. Durante su visita a China, se le agasajó con cien bollos de melocotón en honor a su centenario, reflejando el respeto y la admiración de los líderes chinos hacia el diplomático.
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