El primer día del funeral de Alí Jamenei en Teherán congregó a millones de personas. Desde la madrugada, las avenidas cercanas al complejo Mosala se llenaron de seguidores del fallecido Líder Supremo, quienes acudieron desde distintos puntos de Irán para rendirle homenaje. Al unísono, el clamor de “¡Dios es grande!” resonaba mientras se acercaban al lugar donde, tras cuatro meses de su asesinato, se exhibía por primera vez el féretro de quien lideró el país durante 37 años.
Teherán, tras dedicar un día a delegaciones extranjeras, inició oficialmente los seis días de funerales, un evento que las autoridades consideran podría ser el más multitudinario en la historia de la República Islámica. Este acontecimiento se desarrolla en un contexto de tensas negociaciones con Estados Unidos, país hacia el cual muchos asistentes expresaron su deseo de venganza.
Un despliegue extraordinario
El centro de Teherán quedó completamente cerrado al tráfico, con un despliegue policial significativo que incluía agentes en cada esquina. Las calles se poblaron de casetas ofreciendo comida y bebida a los recién llegados, rememorando festividades religiosas como Ashura y Arbaeen. Los puestos portátiles, conocidos como ‘mukeb’, ofrecieron descanso y música religiosa. Conforme avanzaba el día y el calor aumentaba, voluntarios distribuían limonada, sandía y agua para refrescar a la multitud.
El epicentro de la despedida
El complejo Mosala, aún en construcción después de tres décadas, se erigió como el centro de la ceremonia. Desde un balcón para informadores, se divisaba una multitud dividida por género, con los féretros de Jamenei y familiares envueltos en la bandera nacional, en la explanada principal. Este evento también evidenció la presencia de banderas de la República Islámica y de Hezbolá, así como algunas de Palestina y Afganistán, aunque la imagen predominante era la de Jamenei.
“Venimos de tiempos muy revueltos debido a las protestas por motivos económicos, pero la guerra nos ha unido de nuevo”, declaró Mahmoud Shams, un funcionario retirado. “Ahora somos más fuertes y clamamos venganza”, agregó, recordando el funeral de Jomeini en 1989.
Un símbolo de resistencia
El funeral también se convirtió en una expresión de resistencia y unidad. Fatemeh y su amiga, provenientes de Hamedán, manifestaron su dolor por la pérdida, destacando que el puño en alto de Jamenei se ha transformado en un símbolo global. En las redes sociales, figuras como Masoud Pezeshkian subrayaron la resiliencia del pueblo iraní ante las adversidades.
El bombardeo israelí que acabó con la vida de Jamenei y su familia dejó cicatrices profundas. Sin embargo, la narrativa oficial sostiene que Jamenei fue encontrado con el puño en alto, un gesto que ahora simboliza su legado de resistencia.
El viaje hacia la capital
Personas como Mohsen Ghanavati, un ingeniero de 32 años, viajaron largas horas desde regiones como Juzestán para asistir al funeral. Mohsen expresó su lealtad al líder fallecido escribiendo en un muro cerca de los ataúdes: “Estamos listos para el sacrificio y convencidos de que habrá venganza”.
Con temperaturas que alcanzaron los 40 grados, la ceremonia continuó entrada la noche. Ali, llegado del norte de Irán, expresó que la afluencia de personas de todo el país transformó la capital en un punto de encuentro nacional. La jornada promete repetirse hasta que el cuerpo de Jamenei sea trasladado a su lugar de descanso final en Mashad.
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