Durante mucho tiempo, la teoría predominante sobre el origen de la vida compleja sostenía que, hace aproximadamente 2.000 millones de años, un organismo unicelular primitivo absorbió una bacteria. En lugar de destruirla, ambas entidades establecieron una relación simbiótica que dio lugar a un tipo de célula más sofisticada, de la cual emergieron las formas de vida que conocemos hoy. Esta hipótesis, presentada por Lynn Margulis, transformó la biología evolutiva, pero con el tiempo surgieron dudas sobre su simplicidad.
Nuevos hallazgos sobre el origen de las células complejas
Una investigación reciente del Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona (IRB) y el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) sugiere que el nacimiento de las células complejas fue un proceso más intrincado de lo que se pensaba, involucrando la cooperación de diversos microorganismos, incluidos los virus gigantes. El estudio, publicado en la revista ‘Nature’, empleó el superordenador MareNostrum para analizar durante cinco años los “fósiles genéticos” presentes en los organismos actuales, reconstruyendo el genoma del último ancestro común de todos los eucariotas.
“Nuestro estudio sugiere que ese relato sobre el origen de las células complejas es incompleto y hubo más actores en escena”, afirmó Toni Gabaldón, investigador ICREA en el BSC y el IRB, durante un encuentro organizado por el Science Media Center España.
Protagonistas del complejo proceso evolutivo
El estudio identifica a bacterias como las myxococcotas y las planctomycetotas como partes fundamentales en el desarrollo de las células complejas. Las primeras contribuyeron con elementos necesarios para la creación de compartimentos internos, mientras que las segundas ayudaron a desarrollar estructuras internas y mecanismos de transporte celular.
Los virus gigantes emergen como actores inesperados, dado que se descubrieron evidencias genéticas de que actuaron como vectores involuntarios de transferencia genética. Durante sus infecciones, estos virus podían incorporar fragmentos de ADN de una célula y transferirlos a otra, facilitando el intercambio genético crucial para la evolución celular.
Contexto histórico del proceso evolutivo
El estudio plantea que este proceso pudo haber ocurrido hace millones de años en los tapetes microbianos que cubrían antiguos fondos marinos, compuestos por capas densamente pobladas de microorganismos. La proximidad física entre ellos habría facilitado el intercambio constante de material genético, posibilitando la aparición de las primeras células complejas.
Implicaciones futuras y aplicaciones potenciales
El descubrimiento, que podría modificar los textos de biología, también abre la puerta a nuevas aplicaciones en biología sintética. Según los autores, comprender cómo la evolución generó compartimentos celulares especializados podría permitir el diseño de microorganismos capaces de producir medicamentos, desarrollar materiales avanzados o capturar contaminantes de manera más eficiente.
Gabaldón destaca que este hallazgo no solo es un avance científico, sino que también aporta una respuesta a preguntas fundamentales sobre nuestra propia existencia y origen.
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