La situación cultural en Beirut, especialmente en el contexto de los recientes conflictos, ha puesto de manifiesto la importancia de la preservación del patrimonio literario como forma de resistencia. Layla Tarhini, una residente local, encuentra consuelo en la lectura de novelas históricas mientras las tensiones y los bombardeos continúan. Desde la librería Philosophia, ubicada en el suburbio de Dahiye, Tarhini describe el espacio como un refugio en medio del caos, donde la literatura ofrece un escape y una conexión con otras épocas y lugares.
Crisis y destrucción en el sector cultural
Desde el 2 de marzo, el Líbano ha enfrentado un resurgimiento de la violencia a gran escala, con bombardeos que han afectado no solo a vidas humanas, sino también a la infraestructura cultural del país. Según Hadi Bekdache, fundador de la Red Nacional para la Protección de las Bibliotecas, los Archivos y el Patrimonio Cultural en el Líbano (Taleeb), la magnitud de la destrucción aún no se ha cuantificado completamente. Sin embargo, se estima que cientos de bibliotecas, tanto públicas como privadas, así como otras instituciones culturales, han sufrido daños significativos.
“Hasta ahora no existen cifras nacionales definitivas sobre el número de bibliotecas destruidas”, afirma Hadi Bekdache.
La librería Philosophia es un ejemplo del impacto de este conflicto. Tarhini expresa su tristeza por la pérdida de valiosos manuscritos y ediciones raras, resultado del reciente ataque. A pesar de las adversidades, la comunidad cultural está lanzando la campaña ‘Un millón de libros para el Líbano’, con el objetivo de restablecer las colecciones perdidas.
Preservación de la memoria colectiva
La destrucción de bibliotecas y archivos representa una amenaza no solo para los objetos físicos, sino también para la memoria y la identidad colectiva. Bekdache enfatiza que estos espacios son vitales para conservar la historia personal y comunitaria, y su pérdida equivale a un golpe profundo a la capacidad de una sociedad para recordar y aprender de su pasado. La biblioteca de su familia, con raíces que se remontan a Damasco antes de 1900, es un testimonio del valor perdurable de estas instituciones.
“Cuando una biblioteca desaparece, perdemos una parte de la historia de una persona y de una comunidad”, subraya Bekdache.
Los esfuerzos actuales de Taleeb se centran en documentar los daños y evaluar qué se puede restaurar o rescatar. Este trabajo no solo busca la reconstrucción física de bibliotecas, sino también la revitalización cultural necesaria para una sociedad que ha sufrido pérdidas tan profundas.
Los libros como forma de resistencia
Los libros han asumido un papel crucial en la resistencia cultural del Líbano. Para Tarhini y muchos otros, la literatura no solo proporciona consuelo y distracción, sino que también representa una forma de desafiar la opresión. La librería Philosophia ha servido de punto de encuentro para intelectuales y miembros de Hezbolá interesados en el intercambio cultural, fortaleciendo la idea de que la educación y el conocimiento son armas poderosas.
“Para nosotros, los libros son inocentes, pero para nuestro enemigo, la literatura es un arma”, afirma Tarhini.
La resistencia cultural se convierte en un medio para impedir que la sociedad pierda las herramientas necesarias para recordar y narrar su historia. Al preservar manuscritos y obras literarias, se garantiza que las generaciones futuras puedan acceder a un legado que de otra manera podría desaparecer.
Un llamado a la acción
El llamamiento en defensa del patrimonio cultural libanés ha reunido a escritores, poetas, investigadores y otros trabajadores culturales en un esfuerzo por proteger su legado compartido. La destrucción sistemática de archivos y bibliotecas, comparada con situaciones similares en Gaza, subraya la importancia de esta resistencia cultural como un acto de desafío contra el olvido.
“El agresor trabaja para borrar la memoria libanesa”, denuncia Bekdache, “y nosotros queremos hacer exactamente lo contrario: volver a llenar el lugar de conocimiento”.
En un contexto de adversidad, la preservación y promoción de la cultura literaria se erigen como un símbolo de esperanza y resistencia para el Líbano, reafirmando el poder duradero de los libros para conectar, educar y resistir.
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