Los residentes del edificio ubicado en el número diez de la calle Torras i Bages, en Salt, enfrentan una creciente preocupación por la seguridad debido a la falta de suministro eléctrico que ya se extiende por casi dos meses. Según denuncian, la escalera se ha transformado en un lugar frecuentado por personas externas al inmueble, quienes la utilizan para consumir drogas, orinar e incluso practicar sexo.
Preocupaciones de los vecinos
Desde principios de julio, cuando la empresa Endesa interrumpió el suministro eléctrico tras detectar irregularidades en varios contadores que representaban un riesgo de incendio, la situación ha empeorado. Los vecinos aseguran que la escalera del edificio se ha convertido en un punto habitual de actividades ilícitas, incluso cuando aún residen allí varias familias con niños.
“Desde que no tenemos luz, no le importamos a nadie”, expresó Zacaries, portavoz de los vecinos, manifestando una sensación general de abandono por parte de las autoridades.
Impacto del problema
Cada mañana, los residentes del edificio se encuentran con colillas, latas y envoltorios relacionados con el consumo de drogas esparcidos por la escalera, así como restos de orina. La cerradura del portal a menudo es forzada, permitiendo a intrusos entrar para pasar la noche. A pesar de las repetidas llamadas a la policía, los vecinos afirman que las respuestas son escasas y, en ocasiones, no se presentan.
“Se burlan de nosotros porque saben que las autoridades no actúan”, asegura un vecino, enfatizando que la falta de electricidad también implica la ausencia de sistemas de videovigilancia.
Reacción de las autoridades
El Ayuntamiento de Salt ha respondido que la Policía Local no tenía conocimiento de las quejas de los vecinos. No obstante, recuerdan la existencia del programa Pasillos Limpios y Seguros, implementado en 2012, que permite a los agentes realizar rondas de control en el interior de las escaleras de los edificios.
Afectación a más bloques
El problema no se limita al número diez de la calle Torras i Bages. Según testimonios, otros bloques de la zona, como el número ocho, también enfrentan situaciones similares. Joan Santiago, un residente del barrio, confirma que “hay muchas viviendas afectadas por consumidores de drogas y personas sin hogar”. Relata que, en ciertos edificios, los individuos se cuelan para dormir y consumir en áreas poco frecuentadas, como los áticos.
“Durante los últimos años, el consumo de drogas se ha apoderado del barrio”, comentó Ekhine Espinosa, otra vecina afectada, quien ha experimentado robos en su domicilio por parte de estas personas.
Desafíos y temores
Para Zacaries, el portavoz del edificio, la seguridad de sus hijos es una preocupación constante. Prefiere que jueguen en la calle antes que dentro de casa, donde la amenaza de encontrarse con extraños es real. Ha vivido experiencias desagradables al salir de su vivienda y encontrarse con personas durmiendo frente a su puerta.
Medidas propuestas
En una reunión a finales de julio, el Ayuntamiento se comprometió a que los servicios sociales visitaran cada piso para evaluar la vulnerabilidad de los residentes y servir de enlace con los propietarios, considerados grandes tenedores. Sin embargo, la solución al problema del suministro eléctrico sigue siendo un asunto pendiente entre la empresa suministradora y los particulares.
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