En la etapa de la jubilación, muchos encuentran en el voluntariado una forma gratificante de mantenerse activos y útiles. En España, la población sénior lidera este ámbito, representando el 23% de los voluntarios, superando a otros grupos de edad. Esta tendencia se observa en personas como Pepa Nolla, Arnau Sallent y Javier Larrosa, quienes dedican parte de su tiempo a colaborar con diversas entidades sociales, aprovechando la disminución de sus obligaciones laborales y familiares.
Arnau Sallent: Un retiro activo y enriquecedor
Arnau Sallent, residente de Sant Cugat del Vallès, se jubiló a los 66 años y rápidamente buscó formas de contribuir a la sociedad. Colabora con dos organizaciones: Voluntariat per la Llengua y Narinan. En la primera, ayuda a una mexicana a mejorar su fluidez en catalán, mientras que en la segunda, ofrece clases de refuerzo a niñas de entre 6 y 12 años en la escuela Màrius Torres de L’Hospitalet.
“El simple hecho de ser voluntario me mantiene activo y me hace sentir útil”, comenta Arnau.
Su colaboración con estas entidades no solo le permite mantenerse activo, sino también conocer y entender mejor a comunidades inmigrantes, enriqueciendo así su experiencia personal.
Javier Larrosa: Promoviendo la igualdad de oportunidades
Javier Larrosa, profesor en la Universitat Politècnica de Catalunya, encontró en el voluntariado una manera de hacer frente al determinismo social. A sus 57 años, colabora con Narinan, asistiendo una tarde a la semana a la escuela Màrius Torres para ayudar a niños de cuarto de primaria que enfrentan dificultades académicas debido a sus circunstancias.
“Solo hacerles hablar y que construyan bien las frases es algo positivo”, señala Javier.
Para Javier, el voluntariado es una oportunidad de brindar apoyo adicional a niños que, debido a su contexto, tienen menos oportunidades, recordándole a sus propias hijas cuando eran pequeñas.
Pepa Nolla: Una vida dedicada al cambio social
Pepa Nolla, de 77 años, lleva más de dos décadas comprometida con una asociación que inicialmente apoyaba a padres de jóvenes LGTB y que ahora se enfoca en luchar contra la intolerancia de género. Dedica más de 15 horas semanales a coordinar grupos de abuelos y tíos, promoviendo un entendimiento más amplio y abierto de la diversidad.
“Si no hubiera tenido un hijo gay, hubiera muerto imbécil porque me descubrió una mirada amplia y abierta al mundo”, afirma Pepa.
Su trabajo en la asociación no solo la mantiene ocupada, sino que también es parte esencial de su vida, convirtiéndose en una figura clave para las familias que buscan apoyo y comprensión.
El impacto del voluntariado sénior en España
El papel de los voluntarios sénior en España es cada vez más reconocido, con iniciativas que buscan certificar su trabajo y fomentar su colaboración con entidades sociales. La contribución de personas como Arnau, Javier y Pepa es fundamental para abordar desafíos sociales y promover la inclusión y el apoyo a comunidades vulnerables.
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