El fenómeno del sinhogarismo afecta cada vez a más personas a nivel mundial. Según Naciones Unidas, al menos 300 millones de individuos carecen de vivienda adecuada. En España, la última Encuesta sobre las Personas Sin Hogar del Instituto Nacional de Estadística (INE) registró que en 2022 había 28,552 personas sin hogar. Esta situación no solo se percibe como un problema humanitario, sino también como una cuestión económica y política. Andrew Funk, empresario social estadounidense de 45 años, conoce bien esta realidad. Tras perder su empleo y su hogar en España, se enfrentó a la dura experiencia de vivir en las calles.
Una experiencia personal transformadora
Andrew Funk decidió abandonar su hogar familiar cuando su situación económica comenzó a afectar a su esposa y a su hijo de nueve meses. “Salí, pero no tenía ningún sitio donde ir”, recuerda. Funk describe la primera noche fuera de su casa como la más difícil. Sin embargo, con el tiempo, su pareja le abrió nuevamente las puertas, permitiéndole reconstruir su vida. En 2016, con la ayuda de una amiga, fundó Homeless Entrepreneur, una organización sin ánimo de lucro que busca ayudar a las personas sin hogar a través del empleo, la salud y el desarrollo personal. Desde su creación, ha apoyado a más de 3,500 personas en 21 países y cuatro continentes.
El impacto del estrés y la vida en la calle
Funk es contundente al hablar sobre los efectos de vivir en la calle: “El estrés mata. Dormir en la calle reduce la esperanza de vida entre 13 y 30 años”. Un estudio publicado en ‘Housing Studies’ en 1999 reveló que las personas que duermen en la calle tienen hasta 25 veces más riesgo de morir que la población en general. Además, el Royal College of Nursing señala que la edad media de fallecimiento de una persona sin hogar es de 44 años para hombres y 42 para mujeres.
La invisibilidad como forma de violencia
El estrés, el frío y la humedad constantes en las calles afectan gravemente la salud física de las personas sin hogar. Funk subraya que el problema va más allá de la falta de recursos: “El problema es la marginalización y deshumanización. Cuando estás en la calle, te conviertes en alguien invisible”. La invisibilidad es considerada una forma de violencia estructural y simbólica, ya que implica indiferencia y ostracismo, negando los derechos básicos de las personas.
“Les robamos la dignidad al dejar de mirarlas y les devolvemos, a cambio de sus nombres olvidados, la etiqueta de sintecho, indigente o vagabundo”, afirma Funk.
Empoderamiento a través del cambio de lenguaje
Homeless Entrepreneur busca empoderar a las personas mediante el empleo y la formación. Su filosofía es ayudar a quienes desean trabajar y comprometerse a devolver la inversión realizada en su reintegración una vez que logran estabilidad. Funk subraya la importancia de un cambio en el lenguaje: “Vagabundo me molesta, no me asocio con ello. Sin hogar jode, porque significa que has perdido todo”.
En lugar de etiquetas despectivas, Funk aboga por reconocer a las personas sin hogar como individuos con historias y nombres propios. “Detrás de cada rostro en la calle hay una historia y cada historia tiene un nombre”, concluye.
Comentarios
Todavía no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!