El origen de España podría no estar en los lugares tradicionalmente considerados como cuna de su identidad, como Castilla, León o Toledo. En cambio, la respuesta podría encontrarse más al sur, en Cartagena, dentro de la antigua provincia romana conocida como Carthaginensis. Esta región desempeñó un papel fundamental en la configuración política de la Hispania visigoda.
La reorganización de Diocleciano
A finales del siglo III, el emperador Diocleciano emprendió una reorganización administrativa del Imperio Romano, dividiendo Hispania en varias provincias, entre ellas Carthaginensis, con Cartagena como capital. Esta designación no fue meramente administrativa; reflejaba el prestigio político y territorial de Cartagena, que se extendía sobre gran parte del sureste y centro peninsular.
El ascenso de Toledo
Dentro de la provincia de Carthaginensis se encontraba Toletum, una ciudad que, aunque importante, no era más que una parte de esta región. Sin embargo, los acontecimientos históricos condujeron a un cambio significativo. Mientras Cartagena enfrentaba ocupaciones y destrucciones, Toledo emergió como el centro neurálgico del reino visigodo, convirtiéndose en la residencia permanente de los monarcas. A pesar de este cambio, Toledo seguía siendo parte de la antigua provincia de Carthaginensis, reflejando así una continuidad territorial y política.
El legado visigodo y la continuidad histórica
El reino visigodo no estableció un nuevo sistema territorial; más bien, utilizó la estructura provincial romana como base para su organización política y eclesiástica. La provincia de Carthaginensis continuó existiendo como una circunscripción eclesiástica, mientras que Toledo consolidó su protagonismo en el reino. Documentos como el Decreto de Gundemaro en el año 610 y el XII Concilio de Toledo en 681 evidencian este proceso de transferencia de poder y autoridad.
La importancia histórica de Carthaginensis
El análisis histórico revela una continuidad innegable: Cartagena dio nombre a Carthaginensis; esta provincia albergó a Toledo, que se convirtió en la capital del reino visigodo; y este reino representó el primer esfuerzo significativo por unificar Hispania. Aunque no se puede afirmar que la nación española existía tal como se concibe hoy en el siglo VII, el reino visigodo es ampliamente reconocido por la historiografía como un antecedente crucial de la unidad política española.
Una denominación con peso histórico
A pesar de su relevancia histórica, el nombre de Carthaginensis ha desaparecido en gran medida de la memoria colectiva. En 1982, cuando se estableció la comunidad autónoma actual, se eligió el nombre de Región de Murcia, en lugar de resucitar la histórica denominación de Carthaginensis. Este nombre no solo identifica a Cartagena, sino que también representa un espacio común que incluye a Murcia y otras áreas del sureste peninsular.
Los nombres históricos a menudo son motivo de orgullo para las comunidades, pero en este caso, el más antiguo y prestigioso ha sido relegado a los libros especializados. La propuesta de recuperar el nombre de Carthaginensis no se basa en nostalgia o localismo, sino en el reconocimiento de su profundo significado histórico. Este nombre no solo pertenece al pasado; sigue siendo relevante para comprender la identidad y los orígenes de España.
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