En 1986, Marruecos hizo historia al convertirse en el primer equipo africano en superar la fase de grupos en una Copa del Mundo, celebrada en México. Este logro inesperado desató una ola de entusiasmo en el país, que se volcó en apoyo a su selección nacional tras vencer a Portugal por 3-1. El equipo, conocido por su juego disciplinado, fue dirigido por el entrenador brasileño José Faria, quien se caracterizó por su peculiar enfoque estratégico, describiendo al fútbol como una forma de matemática.
Un logro histórico en el Mundial de México
El equipo marroquí comenzó su participación en el torneo empatando sin goles contra Polonia e Inglaterra, lo que generó expectativas moderadas. Sin embargo, sorprendieron al mundo al derrotar a Portugal con dos goles rápidos en los primeros 26 minutos del juego, lo que les permitió liderar el Grupo F. Esta victoria llevó a una celebración masiva en todo el país, con multitudes llenando las calles de ciudades como Rabat, Casablanca, Marrakech y Fez, ondeando banderas y coreando los nombres de sus héroes, incluido el guardameta Ezaki Badou y el delantero Abdelrazak Khairi.
Apoyo real y premios inesperados
El rey Hassan II, conocido por su pasión por el fútbol, mantuvo un contacto cercano con el equipo durante todo el torneo, felicitando personalmente a los jugadores y al entrenador tras cada partido. Al regresar a Marruecos, la selección fue recibida con honores, escoltada por la guardia real desde el aeropuerto y vitoreada por miles de ciudadanos. A pesar de la eliminación en octavos de final ante Alemania Federal, los jugadores se mostraron agradecidos y felices, valorando el reconocimiento internacional obtenido.
Recompensas y reconocimiento
“Nos preparábamos para volver a casa cuando el rey Hassan II insistió en que todo el equipo permaneciera en México hasta la final”, recordó Mohamed Haddaoui, centrocampista del equipo.
Además de ser invitados a permanecer en México, los jugadores recibieron premios inesperados, como una cantidad significativa de tabaco de una empresa tabacalera y un viaje de 10 días a Nueva York y Ginebra. Durante su estancia en estas ciudades, los futbolistas fueron acompañados por atletas olímpicos como Said Aouita y Nawal Moutawakil.
El legado de José Faria
José Faria, quien se convirtió en una figura venerada en Marruecos, adoptó el nombre musulmán de Mehdi Faria tras convertirse al islam. Su éxito con el equipo nacional le llevó a ser contratado por el FAR Rabat, donde continuó su carrera exitosa ganando múltiples títulos, incluidos la Liga, la Copa y la Champions de África.
El impacto de aquel Mundial de México 1986 perdura en la memoria de los marroquíes como un hito del fútbol nacional, reflejando el potencial de un equipo resiliente y bien preparado que superó barreras continentales y dejó una marca indeleble en la historia del deporte.
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