Las vacaciones escolares, como las de Semana Santa, presentan un desafío particular para las familias con custodia compartida de hijos menores. La diferencia entre los calendarios escolares y laborales, junto con el aumento de parejas divorciadas con hijos, ha complicado la organización de estos períodos de descanso. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024, el 49,7% de las custodias se otorgaron a ambos progenitores, lo que implica repartir el tiempo de vacaciones entre ambos.
Adaptación de los niños a la situación
A pesar de los desafíos, no todos los niños experimentan angustia ante estos cambios. Beatriz Santamaría, psicóloga del Colegio de Psicólogos de Bizkaia, señala que los niños poseen capacidades adaptativas y resilientes que les permiten afrontar situaciones que los adultos consideran complicadas. «Van más sobraditos de esto que nosotros», afirma Santamaría, sugiriendo que las aparentes dificultades a menudo afectan más a los padres que a los hijos.
Señales de estrés en los menores
Aunque los niños pueden adaptarse bien, es importante estar atentos a síntomas de estrés que puedan indicar dificultades. No existe una fórmula universal, ya que cada niño es diferente, pero hay señales comunes a las que los padres deben prestar atención:
- Mayor irritabilidad o nerviosismo.
- Frecuencia aumentada de enfados o conductas disruptivas.
- Apatía, distracción o retraimiento inusual.
Estas manifestaciones pueden alertar a los padres de que el niño está enfrentando un estrés mayor al habitual.
Reducir la incertidumbre
Para minimizar el impacto psicológico en los menores, es crucial reducir la incertidumbre sobre sus planes de vacaciones. «Cuando no sabemos lo que va a pasar, todos nos ponemos en alerta», explica Santamaría. Por ello, se recomienda explicar a los niños con antelación cómo serán sus días, con quién estarán y cuáles serán las actividades previstas. Esta claridad les proporciona una sensación de control y seguridad.
Desigualdad en las actividades entre progenitores
En situaciones donde un progenitor puede ofrecer viajes y el otro no, es fundamental que los adultos gestionen sus emociones para no transferirlas a los hijos. Santamaría sugiere que no hay que sentirse mal por estas diferencias: «Es como los juguetes: ¿cuántas veces se lo pasan mejor con un palo y una piedra que con el último Lego?». La clave está en pasar tiempo de calidad con ellos, escucharlos y hablar sobre sus experiencias.
Preferencias de los niños sobre las vacaciones
Cuando un niño expresa el deseo de pasar las vacaciones solo con uno de los padres, es importante escucharlo, pero también entender que esta preferencia puede ser pasajera. Según Santamaría, «los niños son muy cambiantes e impulsivos», y no están siempre en la posición de tomar decisiones de largo plazo. La comunicación abierta con los hijos y entre los progenitores es esencial para manejar estas situaciones de manera adecuada.
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