Durante la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, una construcción singular capturó la atención de los visitantes: una encantadora casa de cañas, obra de artesanos huertanos de la localidad de Aljucer, en Murcia. Este proyecto formó parte del pabellón conjunto de las provincias de Murcia y Albacete, y se convirtió en un símbolo del ingenio y la tradición local.
Un Proyecto de Hermandad y Tradición
La Exposición Iberoamericana de 1929 se organizó para fortalecer los lazos entre la península ibérica y América Latina, incluyendo a Portugal y Estados Unidos. En este contexto, la representación de Murcia y Albacete decidió honrar sus raíces con una casa torre inspirada en las construcciones del siglo XVII. La decoración incluyó elementos icónicos como las hornacinas de la Virgen de la Fuensanta, patrona de Murcia, y la Virgen de los Llanos, de Albacete.
Para realzar la cultura murciana, se exhibieron obras destacadas como la talla de San Jerónimo, creada por el reconocido escultor Francisco Salzillo, junto a piezas de otros artistas como Bussy, Roque López y Dupar. Además, el original del Fuero Juzgo entregado por Alfonso X a Murcia en el siglo XIII también formó parte de la exhibición.
El Concurso de Cañiceros
La idea de construir una estructura de cañas surgió de Juan de la Cierva, quien propuso un concurso para seleccionar el mejor diseño. El diario ‘El Tiempo’ reportó el anuncio de este concurso el 10 de febrero de 1929, siendo el alcalde de Murcia, el marqués de Ordoño, quien lo oficializó. El ganador fue Manuel Matás Costa, un destacado cañicero de Aljucer, cuya experiencia y destreza con las cañas fue fundamental para el éxito del proyecto.
“El proyecto de la casita de cañas fue una iniciativa ingeniosa que combinó tradición y arte, cautivando a todo aquel que la admiró en la Exposición,” relatan desde el Museo de la Ciudad de Murcia.
Construcción y Legado de la Casa de Cañas
Una vez adjudicado el proyecto, se emprendió el desafío de seleccionar y trabajar miles de kilos de cañas. Estas se emplearon no solo en las paredes y techos con celosías, sino también en una bardiza que rodeaba la estructura, y en muebles como las perchas, que aún son admiradas por su exquisita artesanía. La construcción se llevó a cabo en Murcia y posteriormente se trasladó a Sevilla.
La casa de cañas, con su característico techo a cuatro aguas, fue inaugurada por el rey Alfonso XIII el 12 de mayo de 1929. Atrajo a miles de visitantes hasta el cierre del pabellón el 21 de junio de 1930. Sin embargo, como sucede con muchas obras de valor patrimonial, la construcción fue demolida años después, en 1956, aunque algunas piezas lograron ser salvadas por la familia Matás, como una percha que aún asombra por su maestría artesanal.
Esta casita de cañas no solo representó un logro de la técnica artesanal, sino también un testimonio del patrimonio cultural murciano, que es fundamental para preservar la memoria de nuestra tierra, que sigue siendo recordado y valorado casi un siglo después de su creación., que sigue siendo recordado y valorado casi un siglo después de su creación.
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