La asignación de dinero a los hijos es un tema que genera debates en torno a la autonomía, los límites y la educación financiera. En el videopódcast ‘Sobre (vivir) a la crianza’, la psicóloga Lisenda Pascual y el director del Institut d’Estudis Financers, Jordi Martínez, analizan cómo y cuándo los padres deben introducir este concepto en la vida de sus hijos, destacando la importancia de la formación previa para evitar el comportamiento negligente que supone entregar dinero sin educación financiera.
La importancia del propósito antes de dar una asignación
Lisenda Pascual enfatiza que antes de establecer una asignación semanal, los padres deben reflexionar sobre el propósito de esta. La discusión en el hogar sobre el valor del dinero, su utilidad y los gastos familiares es fundamental. Un ejemplo común es el de la mochila escolar: mientras que una mochila básica es un derecho del niño, una más costosa por diseño o marca puede ser una oportunidad para que el niño aprenda a ahorrar la diferencia. Este enfoque no busca privar, sino enseñar a priorizar y entender que no todos los deseos son inmediatos.
Comenzar con efectivo y responsabilidades menores
Jordi Martínez sugiere que alrededor de los seis o siete años, los niños ya tienen la capacidad de sumar y restar, lo que hace viable la introducción del dinero. Inicialmente, se recomienda el uso de efectivo, ya que manipular monedas y billetes ayuda a los niños a comprender el valor tangible del dinero, algo que no ocurre con las tarjetas o pagos móviles. La tarjeta de débito puede introducirse en la adolescencia, cuando los jóvenes están más preparados para asumir responsabilidades financieras más significativas.
Establecer una cantidad adecuada y fomentar elecciones responsables
El monto de la asignación debe ser suficiente para permitir elecciones, pero no tan elevado como para que los niños compren sin administrarlo. Martínez comparte su experiencia personal: a su hija de 12 años le otorga 2,5 euros semanales, mientras que a la de 14, 41 euros mensuales, ajustando la cantidad a las responsabilidades y autonomía de cada una. La asignación debe fomentar la elección y la gestión responsable del dinero.
El papel de las tareas domésticas y el emprendimiento
Los expertos coinciden en que no se debe pagar a los niños por realizar tareas domésticas rutinarias, ya que estas deberían ser parte de la corresponsabilidad familiar. Sin embargo, se pueden ofrecer incentivos por tareas extraordinarias, como lavar el coche o hacer un recado, lo que puede enseñar lecciones valiosas de emprendimiento.
Hablar de dinero de manera equilibrada y educativa
El diálogo sobre el dinero en el entorno familiar es crucial. Pascual diferencia entre ser transparentes y generar angustia. Es importante hablar de economía de manera natural, incluyendo conceptos como presupuesto o ahorro, sin transmitir ansiedad. Martínez subraya que estas conversaciones fomentan una mayor competencia financiera en los hijos, pero deben hacerse de manera que los niños puedan procesar la información sin sentirse sobrecargados.
Educación financiera desde la niñez hasta la adolescencia
La educación financiera no termina con el ahorro. Con adolescentes, se puede introducir el concepto de inversión, siempre desde un enfoque prudente y realista. Martínez explica que invertir debería ser un proceso aburrido, enfocado en el largo plazo y alejado de las promesas de riqueza rápida que proliferan en las redes sociales. Proteger a los jóvenes de estas influencias comienza desde temprana edad, enseñándoles a los siete años los fundamentos y preparando el terreno para discusiones más complejas en la adolescencia.
En conclusión, la educación financiera desde la infancia es esencial para desarrollar adultos responsables y conscientes del valor del dinero. Los padres deben revisar sus propias percepciones sobre el dinero para guiar adecuadamente a sus hijos en esta área crítica de la vida.
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