David Pérez Sañudo presentó en el Festival de San Sebastián, fuera de concurso, su película “Sacamantecas”, una producción que destaca por su impecable factura técnica pero que algunos consideran carece de la dosis de morbo esperada en su temática. La cinta revive las acciones de Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, conocido como ‘Sacamantecas’, considerado el primer asesino en serie de España, cuya historia ha persistido en la memoria colectiva como una leyenda de terror.
Un retrato histórico de Vitoria
“Sacamantecas” está ambientada en la Álava de 1876, un periodo marcado por el hambre y la miseria tras medio siglo de guerras carlistas. La película inicia con un homenaje visual al clásico “Centauros del desierto” de John Ford, situando la acción en una Vitoria que comienza a experimentar los primeros atisbos de progreso, como la llegada de la luz eléctrica, en medio de una ciudad sumida en la corrupción.
Antonio de la Torre encarna al infame criminal, un personaje presentado sin misterio sobre su identidad, y Patricia López Arnaiz interpreta a una maestra que regresa a Vitoria para enterrar a su hermana, víctima del asesino. La interpretación de De la Torre es instintiva y casi carente de diálogos, mientras que Arnaiz representa el valor de la educación y el conocimiento en una época oscura.
Personajes y contexto social
La narrativa se centra no solo en los crímenes, sino también en el contexto sociopolítico de la época. Josean Bengoetxea interpreta al jefe de los alguaciles, un hombre que aspira a progresar en medio de la parálisis institucional. El personaje de Eneko Sagardoy, un alguacil degradado a sereno, también se ve afectado por la amenaza del Sacamantecas.
“Vitoria tiene miedo”, se escucha en esta lujosa producción de época con cientos de figurantes.
La película, hablada en euskera salvo en las intervenciones de las autoridades, expone una Vitoria medieval y corrupta, donde las mujeres y los desfavorecidos se encuentran en una posición vulnerable frente a la violencia.
Un enfoque más sobrio
Aunque la producción es visualmente atractiva, con una fotografía a cargo de Kenneth Oribe que resalta la belleza y la sugerencia, la película opta por un relato sobrio que se aleja del espectáculo sensacionalista. Pérez Sañudo evita el tremendismo y enfoca su atención en la denuncia social y la reivindicación feminista, dejando en segundo plano el horror del personaje principal.
La cinta concluye recordando a las víctimas del protagonista, dejando una sensación de relato contenido y, para algunos, una falta de profundidad en el retrato del monstruo que fue Juan Díaz de Garayo. La falta de truculencia y morbo puede ser vista como una decisión artística que prioriza el contexto histórico sobre la figura del criminal.
En resumen, “Sacamantecas” ofrece una inmersión en un periodo de la historia española a través de una producción cuidada hasta el más mínimo detalle, aunque algunos espectadores pueden encontrar que le falta la intensidad emocional esperada en una narrativa sobre un asesino en serie.
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