Las noches en el río Nalón, en Asturias, son el escenario de una tradición que enfrenta desafíos cada vez mayores: la pesca de angulas, una actividad ancestral en riesgo de desaparecer. José Luis Suárez Areces y David González son dos de los anguleros que aún perseveran en esta labor, enfrentando noches solitarias y frías en busca de un alevín cada vez más escaso.
Un legado familiar
La historia de José Luis Suárez Areces es un reflejo del legado familiar que caracteriza a muchos anguleros de la región. Su abuelo, Beli Suárez, fue uno de los primeros en tener una lancha para recoger restos de carbón en la playa de San Juan de la Arena. Con el tiempo, su padre Manuel se dedicó a la pesca, y ahora José Luis continúa con la tradición a bordo de su lancha “Jara”. “Me gusta, lo llevo dentro, es mi vida”, expresa José Luis, quien comenzó a pescar a los 14 años.
David González comparte una historia similar. Creció en La Imera, muy cerca de la casa de sus abuelos, quienes lo cuidaron mientras su padre salía a pescar. Aprendió de él todo sobre el manejo de la piñera, un utensilio esencial para capturar angulas en las turbulentas aguas del Nalón. “Otros en Asturias hacen queso o heredan la ganadería familiar. Yo he heredado esto”, comenta David mientras se prepara para una nueva jornada de pesca.
Inicio de la faena
Las actividades comienzan alrededor de las dos y media de la mañana. David González prepara su chalano, “La Perica”, para salir a pescar en las oscuras noches de febrero, ideadas para capturar angulas que evitan la luz y prefieren el agua revuelta. Mientras tanto, José Luis Suárez Areces llega al puerto de San Esteban, listo para soltar amarras y utilizar las piñeras a cada lado de su lancha.
A las tres de la madrugada, aproximadamente 30 anguleros motorizados zarpan juntos, generando un espectáculo de luces que fascina a quienes lo presencian. Mientras las motoras parten, David González ya está navegando hacia su puesto asignado en El Castillo, que se sortea al inicio de la temporada.
La pesca desde tierra
Además de los anguleros en lanchas, otros 30 pescadores realizan su labor desde tierra. Utilizan cedazos de mano, cuyas formas varían según el tipo de puesto asignado. La modalidad más tradicional es la de circunferencia redonda, usada desde el chalano; y la cónica, fundamental para faenar en la barra.
Un oficio en declive
José Luis Suárez y David González, vecinos de El Fondón, expresan con emoción y orgullo su vínculo con esta tradición, aunque no pueden evitar un tono de tristeza y resignación. La pesca de angulas está amenazada por restricciones administrativas y la disminución de las migraciones desde el mar de los Sargazos, a diferencia de otras costas atlánticas como Portugal y Francia.
“Hay más impedimentos y se ha puesto imposible”, comenta José Luis Suárez, quien lamenta que los anguleros sean señalados como culpables de la disminución de angulas en el Nalón, a pesar de que los registros históricos de la Cofradía de Pescadores de San Juan de la Arena muestran una caída drástica en las capturas.
Registros históricos
Los registros de la Cofradía revelan que las campañas en la segunda mitad del siglo XX eran más extensas y abundantes, con capturas que se contaban por toneladas. Actualmente, las cifras se han reducido significativamente, aunque los precios de mercado han aumentado, reflejando la alta demanda de este alevín.
A pesar de las dificultades, los anguleros continúan con su labor por motivos que van más allá del dinero. “Sin esto nos ganaríamos igual la vida. No tiene que ver con el dinero, es algo más…”, insisten.
El auge y declive de un negocio
José Luis Suárez recuerda cuando en una noche llegó a ganar un millón de pesetas, épocas en las que compradores internacionales pagaban altos precios por las angulas. Sin embargo, la posterior caída de las capturas lo obligó a replantearse su dedicación exclusiva a la pesca.
Comentarios
Todavía no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!