La creciente tensión en el Golfo Pérsico, exacerbada por el conflicto en Irán, ha obligado a Arabia Saudita a reconsiderar sus rutas petroleras tradicionales. El estrecho de Ormuz, un paso crítico para el flujo de petróleo mundial, se ha convertido en un punto de conflicto debido al hostigamiento de la Guardia Revolucionaria iraní a los petroleros que lo atraviesan. Esto ha llevado al reino saudí a buscar alternativas en el mar Rojo.
Desvío hacia el mar Rojo
Desde el inicio de la crisis, el puerto de Yanbu en el mar Rojo ha ganado protagonismo como una vía alternativa para las exportaciones de crudo de Arabia Saudita. Conectado a través del oleoducto Este-Oeste con los campos petroleros del Golfo Pérsico, Yanbu ha experimentado un aumento significativo en el tráfico, con 27 petroleros fondeados recientemente, según datos de Bloomberg.
“Yanbu es la única salida que permite al crudo saudí sortear el estrecho de Ormuz en los envíos por mar”, señaló George Morris, analista de mercado de Vortexa.
La carga desde Yanbu ha alcanzado un promedio de tres millones de barriles diarios, cercano a su capacidad máxima. Aramco, la petrolera estatal saudí, planea incrementar esta cifra a siete millones diarios, lo que podría desviar aproximadamente el 20% del crudo exportado desde el Golfo, según la Agencia Internacional de la Energía.
Desafíos logísticos y políticos
No obstante, el aumento de actividad en Yanbu no está exento de complicaciones. La agencia de calificación crediticia Fitch plantea dudas sobre la sostenibilidad de este flujo aumentado durante un periodo prolongado. Además, la práctica de encadenar petroleros sin dejar huecos entre atraques incrementa los riesgos de congestión y choques, según expertos en logística marítima.
Tradicionalmente, Yanbu ha servido a mercados secundarios, pero ahora se ha convertido en un punto clave para los contratos a largo plazo de Aramco, principalmente con grandes refinerías chinas. Estos clientes importantes deben decidir si aceptar parte de sus entregas desde el mar Rojo o arriesgarse a no recibir nada si el bloqueo en Ormuz persiste.
“Esta crisis estalló de manera repentina y los petroleros necesitan reubicarse en la costa occidental para cargar”, indicó Amin Nasser, consejero delegado de Aramco.
Historia y retos del oleoducto Este-Oeste
El oleoducto Este-Oeste, una infraestructura crucial construida tras la Revolución Iraní de 1979, vuelve a desempeñar un papel fundamental. Con una longitud de 1.150 kilómetros, transporta el crudo desde Abqaiq, en la costa del Golfo, hasta Yanbu. A pesar de su reciente ampliación para alcanzar una capacidad de siete millones de barriles diarios, nunca ha operado a este nivel.
El costo de transportar petróleo a través del oleoducto es más alto que el envío por mar, lo que ha limitado su uso. Sin embargo, la situación actual ha forzado a Arabia Saudita a utilizarlo más intensamente. Mientras tanto, el oleoducto de los Emiratos Árabes Unidos hacia Omán, con una capacidad mucho menor, también enfrenta problemas tras ataques iraníes.
Riesgos de seguridad persistentes
A pesar de la distancia física del conflicto, el oleoducto Este-Oeste no es ajeno a los riesgos. En 2019, fue blanco de ataques por parte de los rebeldes hutíes en Yemen, apoyados por Irán. Aunque estos incidentes no causaron daños significativos, subrayan la vulnerabilidad de la infraestructura energética en la región.
Además, los petroleros que evitan Ormuz deben enfrentarse a posibles ataques en el estrecho de Bab el-Mandeb, donde los rebeldes hutíes continúan amenazando la navegación. La consultora Wood Mackenzie advierte que estos riesgos de seguridad complican aún más el panorama.
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