Los altos costos de la vivienda han emergido como un factor determinante en el malestar de los jóvenes, afectando no solo su capacidad para independizarse sino también su bienestar emocional. Según el informe ‘Habitar la incertidumbre: vivienda, juventud y malestar estructural’, elaborado por el Consejo de la Juventud de España, Fad Juventud y Oxfam Intermón, el 42% de los jóvenes de entre 25 y 34 años califica su salud mental como regular o mala debido a la crisis habitacional.
Impacto de la vivienda en la salud mental
El estudio subraya que los problemas psicológicos son más comunes entre quienes deben destinar más del 50% de sus ingresos al alquiler, comparado con aquellos que dedican menos del 30%. Este sobreesfuerzo económico provoca que muchos jóvenes experimenten un deterioro en su salud mental, afectando sus proyectos de vida y expectativas de futuro.
“Es imposible negar que el poder adquisitivo influye directamente en la salud mental. Quienes dicen que el dinero no importa es porque nunca han tenido problemas económicos”, señala Sarah Belén Olarte, psicoterapeuta.
Presión financiera y su efecto en la juventud
El informe revela que el esfuerzo financiero para acceder a una vivienda digna supera el 50% de los ingresos de la población joven, alcanzando hasta el 80% en hogares unipersonales. Según el Observatorio de Emancipación del CJE de 2025, alquilar una vivienda requiere en promedio 1,176 euros al mes, lo cual representa el 98.7% del salario de un joven trabajador.
“Compartir piso, antes una elección, ahora es una necesidad que absorbe el 33.6% de nuestro salario”, indica el informe.
Necesidad de políticas integrales
La presidenta del CJE, Andrea González Henry, resalta que el acceso a la vivienda no es solo una cuestión material, sino de salud. “Las soluciones no pueden ser solo sanitarias; necesitamos políticas de vivienda que hagan efectivo el derecho constitucional a la vivienda, mejoras en la protección social juvenil y recursos de salud mental adecuados”, enfatiza.
Círculo vicioso de carencias económicas
La falta de recursos genera un ciclo que empeora la salud mental de los jóvenes. Aquellos que renunciaron a apoyo psicológico por falta de medios vieron cómo su salud mental deterioraba del 7% al 19%. La sanidad pública, que cuenta con solo seis psicólogos clínicos por cada 100,000 habitantes, no satisface la demanda, empujando a muchos a prescindir de ayuda profesional.
“Una vivienda digna no es solo un espacio físico, sino que influye en decisiones vitales y en la capacidad de imaginar un futuro propio”, explica Julia García, coautora del informe y experta en desigualdades y juventud.
Interacción con la precariedad laboral
La crisis habitacional se ve agravada por la inestabilidad laboral, afectando la salud psicológica. Aunque la tasa de desempleo juvenil ha disminuido del 46% al 23% en la última década, el 63% de quienes viven en carencia material severa experimentan problemas psicológicos. Además, la dificultad para ahorrar intensifica el malestar emocional.
La falta de recursos no solo limita las posibilidades materiales, sino que también afecta las relaciones personales y la percepción de apoyo, elementos vitales para la salud emocional. Entre los jóvenes en carencia material severa, casi el 40% reporta sentir soledad no deseada frecuentemente.
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