Las pertenencias de Eloísa están empaquetadas en cajas que se amontonan en el salón de su hogar en Sangonera la Verde, Murcia. Entre ellas, un peluche de unicornio y una cartera escolar rosa de Hello Kitty destacan, reflejando la vida cotidiana de una familia que enfrenta un inminente desahucio. Eloísa, madre de cinco niños de 12, 10, 8, 6 y 4 años, se prepara para desalojar la vivienda el próximo lunes, después de un aplazamiento que no ha logrado solucionar su situación.
Una búsqueda desesperada
A pesar de sus esfuerzos, Eloísa no ha encontrado una nueva vivienda. La falta de una nómina y ser madre de una familia numerosa complican su búsqueda. “Aunque tengo ingresos y puedo pagar, cuando menciono que tengo cinco hijos, los propietarios se echan para atrás”, explica. La semana ha estado llena de gestiones infructuosas con bancos, administraciones y organizaciones no gubernamentales, sin que nadie le ofrezca una solución concreta.
Trámites sin respuesta
Acompañada por Paco, miembro de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), Eloísa ha visitado oficinas municipales, dependencias de la Consejería de Vivienda y bancos. En todos los casos, la respuesta ha sido la misma: derivaciones y citas pendientes. “Me dicen que el trabajador social debe darme una solución, pero cuando consigo hablar con él, la situación no avanza”, señala. La perspectiva de acceder a una vivienda gestionada por su banco también se ha desvanecido, a pesar de la comprensión recibida.
El papel de las administraciones
El alcalde pedáneo de Sangonera la Verde, Eugenio Espín, ha intentado mediar buscando opciones en la zona. Sin embargo, sus esfuerzos se han topado con la realidad de que no hay viviendas disponibles para alquiler, solo para la venta. “Desde ese día no se ha puesto en contacto conmigo”, menciona Eloísa, evidenciando la falta de seguimiento por parte de las autoridades locales.
Organizaciones sociales sin soluciones
Las organizaciones sociales tampoco han podido ofrecer una solución efectiva. A pesar de múltiples llamadas y promesas de revisar su caso, Eloísa sigue sin recibir la ayuda necesaria. “Nadie me está ayudando y el tiempo se acaba”, afirma con preocupación. Mientras tanto, sus hijos continúan asistiendo al colegio, intentando mantener una rutina normal a medida que se acerca la fecha límite del desahucio.
Un futuro incierto
Con el lunes cada vez más cercano, Eloísa sigue buscando alternativas, llamando y preguntando. “No sé qué hacer, pero no puedo fallar como madre”, declara, reflejando su angustia ante la posibilidad de quedarse sin hogar. La falta de una solución tangible antes de la fecha del desalojo deja a Eloísa y sus hijos en una situación desesperada, sin que hasta ahora se haya vislumbrado una salida viable.
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