Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Río de Janeiro en Brasil ha explorado los hábitos de adicionar sal a los alimentos después de su preparación, particularmente entre los adultos mayores. El consumo de sal añadido constituye entre el 6% y el 20% de la ingesta total de sal y representa un comportamiento que varía según el contexto sociodemográfico y cultural. El exceso de sal es un factor de riesgo para enfermedades como la hipertensión, afecciones cardiovasculares y renales, y puede acelerar el deterioro cognitivo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos limiten su consumo a menos de cinco gramos de sal al día para reducir estos riesgos.
Patrones de consumo de sal entre hombres y mujeres
El estudio, publicado en ‘Frontiers in Public Health’, revela que el hábito de añadir sal en la mesa es más común en los hombres que en las mujeres. Según la doctora Flávia Brito, profesora asociada de la universidad, este comportamiento se da en un 12,7% de hombres y un 9,4% de mujeres. Las mujeres, sin embargo, muestran una asociación más amplia con características sociales y dietéticas en su hábito de adicionar sal, como señala la doctora Débora Santos, coautora del estudio.
Factores sociodemográficos y dietéticos
El análisis incluyó datos de encuestas de más de 8.300 adultos brasileños mayores de 60 años, quienes informaron sobre sus elecciones alimentarias en las 24 horas previas y su hábito de añadir sal. Los investigadores analizaron variables como el sexo, la edad, los años de educación, si vivían solos, los ingresos familiares, la zona de residencia y la inclusión de alimentos ultraprocesados, frutas y verduras en su dieta.
“El comportamiento de los hombres al añadir sal parece menos vinculado a patrones dietéticos específicos que el de las mujeres”, afirma Brito.
Influencia de factores sociales y dietéticos
En el caso de los hombres, solo dos factores se asociaron significativamente con el consumo adicional de sal. Aquellos que seguían una dieta especial para la hipertensión arterial tenían menos de la mitad de probabilidades de añadir sal, mientras que los hombres que vivían solos eran un 62% más propensos a hacerlo en comparación con los que vivían acompañados.
Para las mujeres, las probabilidades de añadir sal eran un 68% mayores si no seguían una dieta para la hipertensión. Además, las mujeres que residían en áreas urbanas o consumían alimentos ultraprocesados con frecuencia duplicaban sus probabilidades de añadir sal. En contraposición, aquellas que consumían frutas o verduras regularmente mostraban una reducción significativa en esta conducta, con un 81% y un 40% menos de probabilidad, respectivamente.
Medidas para reducir el consumo de sal
El estudio sugiere que el comportamiento de añadir sal puede deberse tanto a preferencias gustativas como a costumbres. El consumo habitual de alimentos ricos en sodio puede disminuir la sensibilidad a los sabores salados, promoviendo el deseo por sabores más intensos. La reducción del consumo de sal requiere de medidas que disminuyan el contenido de sodio en alimentos industrializados y ultraprocesados.
- Incluir hierbas y condimentos naturales como alternativas a la sal.
- Utilizar técnicas culinarias como el uso de cítricos para potenciar el sabor.
- Evitar colocar saleros en la mesa de manera rutinaria.
Las campañas para reducir el uso de sal deben adaptarse a diferentes grupos de población, considerando el género y estilo de vida. Los investigadores subrayan la importancia de estrategias personalizadas para abordar las diferencias observadas en el comportamiento de hombres y mujeres respecto al consumo de sal.
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