Flaminio es un hombre que lleva casi 47 años viviendo en aislamiento en una cabaña de montaña, sin acceso a electricidad o agua corriente, y sin apenas contacto con el mundo exterior. Su historia ha captado la atención de The Pillow, un canal de YouTube creado por jóvenes italianos que exploran estilos de vida apartados de la norma. Flaminio afirma que ha pasado 22 años sin bajar al pueblo más cercano, optando por una vida que parece haberse detenido en el tiempo.
Inicio de una vida solitaria
La vida de Flaminio tomó un giro inesperado a los 23 años, cuando fue expulsado de su hogar. Sin ninguna habilidad específica, pasó los siguientes siete años deambulando por las montañas: “Me echaron de casa y, ¿qué podía hacer? No sabía hacer nada. Estuve siete años dando vueltas siguiendo a las ovejas y después vine aquí. Llevo 47 años aquí. Ha pasado de todo”. A los 30 años, decidió establecerse permanentemente en el lugar que ahora llama hogar. “Después de dar vueltas durante otro año, decidí instalarme para el resto de mi vida. Preparé mi mochila y la primera noche dormí en el suelo porque no conseguía dormir en la cama”, recuerda.
Una vida sin comodidades modernas
La cotidianeidad de Flaminio está completamente alejada de las comodidades modernas. No cuenta con electricidad desde hace más de dos décadas, ni tiene televisión o radio. Para iluminarse, utiliza un pequeño candil de grasa. “Hace más de 20 años que la desconecté, no tengo nada”, explica. El agua la recolecta de la lluvia en una cisterna y cocina usando fuego.
Flaminio también ha creado sus propias herramientas y confecciona ropa con la lana de sus ovejas. Su dieta depende en gran medida de lo que él mismo produce. “Hoy voy a comer setas, polenta y carne”, comenta mientras muestra su cocina.
Ritmo diario marcado por la naturaleza
El día a día de Flaminio está guiado por la luz del sol y el ritmo de sus animales. Se despierta al amanecer y dedica la jornada a cuidar de sus ovejas y trabajar en su huerto. “Me levanto temprano, en cuanto hay luz, pero también me acuesto temprano. Después voy por ahí con las ovejas y estoy un par de horas. Por la tarde, hacia las tres o las tres y media, vuelvo a salir con ellas”, describe.
Su desconexión del mundo exterior es tal que admite no saber cómo evolucionan los acontecimientos fuera de su entorno. “No sé nada. Cuando pasa algo importante, alguien me dice que ha ocurrido esto, pero no sé cómo va el mundo ni cómo deja de ir”, confiesa.
Autonomía y trueque
Dado que rara vez baja al pueblo, Flaminio ha desarrollado métodos autónomos para obtener lo que no puede producir. Durante muchos años, crió animales y cultivó su propio huerto, además de recurrir al trueque. “Trabajaba, criaba animales, gallinas, muchas. Tenía un burro y cada dos días iba al pueblo a recoger los restos de una tienda para intercambiar”, explica.
En una conversación con los creadores de The Pillow, al ser cuestionado sobre si cambiaría algo de su vida, su respuesta es contundente: “No cambiaría nada, aunque a veces pienso en situaciones extremas, como el suicidio simulado, que algunos utilizan como estrategia para llamar la atención, pero yo estoy en paz con mi vida aquí.” “Me pegaría un tiro nada más nacer”. Sin embargo, no parece arrepentido de su elección de vida en la montaña, recordando cómo desde pequeño se había acostumbrado a la soledad: “Los primeros días lloraba, me dejaban allí solo, estaba solo todo el día, pero me había vuelto un poco salvaje y allí me gustaba”.
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