El ejército de Israel ha iniciado una operación militar para destruir los puentes que conectan el sur del Líbano con el resto del país, en un esfuerzo por limitar el movimiento de Hezbolá. La acción ha generado preocupación por el aislamiento de miles de residentes en la región afectada. El portavoz militar israelí, Avichay Adraee, confirmó que los ataques sobre el río Litani comenzaron este miércoles, instando a los civiles a moverse hacia el norte por su seguridad.
Impacto en la población civil
La ofensiva israelí, que busca crear una zona de seguridad en la frontera con Líbano, ha provocado un aumento de las tensiones y un incremento en los enfrentamientos terrestres. Las consecuencias humanitarias son motivo de preocupación, ya que los bombardeos han dejado 968 muertos y más de 2.400 heridos, según el Ministerio de Sanidad libanés. La acción militar amenaza con cortar el suministro de alimentos y bienes esenciales a 250.000 residentes de 150 municipios al sur del Litani.
Reacciones internacionales y locales
Desde el inicio de las hostilidades el 2 de marzo, el ejército israelí ha instado al desalojo de la zona entre la frontera y el río Zahrani. A pesar de las advertencias, numerosos civiles han decidido permanecer en sus hogares, dependiendo cada vez más de la ayuda humanitaria. Naciones Unidas ya ha denunciado el creciente aislamiento de la región sur, donde los mercados han cesado operaciones y se ha reducido significativamente el suministro de provisiones.
Escalada del conflicto
El conflicto se ha intensificado con ataques a edificios residenciales en Beirut, resultando en la muerte de diez personas, entre ellas el periodista Mohamed Sherri de Al Manar. Estos acontecimientos han sido condenados por el Comité para la Protección de los Periodistas, calificando los ataques como “injustificables”. Adicionalmente, las hostilidades han cobrado nuevas vidas entre el personal médico y la población infantil, con un total de 116 niños fallecidos desde el inicio de la ofensiva.
Respuesta de los actores involucrados
En medio de los enfrentamientos, el Gobierno libanés ha pedido el inicio de negociaciones para poner fin al conflicto, mientras que Israel y Hezbolá mantienen su postura combativa. El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, ha advertido sobre futuras “sorpresas” militares en Líbano e Irán, mientras que el jeque Naim Qassem de Hezbolá ha reafirmado la continuación de la resistencia.
Consecuencias sobre infraestructuras y servicios
La ofensiva ha incluido ataques a estaciones de servicio de la empresa Al Amana, vinculada a Hezbolá y sancionada por Estados Unidos desde 2020. Estos ataques agravan la situación humanitaria, afectando el acceso a combustible en una región ya asediada por el conflicto. La situación es crítica en las áreas más afectadas, donde la ayuda humanitaria se convierte en una necesidad urgente.
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