El psicólogo sanitario y psicoterapeuta Ander González de Mendibil resalta la importancia de la relación entre los padres tras un divorcio, más allá del lugar donde residan los hijos. Junto a Miguel Hierro Requena, mediador familiar y profesor asociado de la Universidad Autónoma de Madrid, analizan las diferentes alternativas de custodia y convivencia tras la separación.
Casa nido
La “casa nido” es un modelo en el cual los hijos permanecen en el domicilio familiar, mientras los padres se turnan para residir allí. Esta opción mantiene la estabilidad del entorno para los niños, pero presenta desafíos para los padres. Según González de Mendibil, este arreglo es llevadero si los padres pueden permitirse mantener otras residencias para los momentos en que no están en la casa nido. Sin embargo, si deben compartir un segundo espacio, surgen complicaciones respecto al uso del espacio personal, especialmente si hay nuevas parejas involucradas.
Dos casas
El modelo más común en la actualidad es que uno de los padres permanezca en la casa familiar y el otro se mude a un nuevo hogar. González de Mendibil considera que esta opción ofrece una sensación de equidad para ambos padres e hijos. No obstante, es crucial evitar que los niños vean la nueva residencia como inferior. Involucrar a los hijos en la decoración y personalización del espacio puede ayudar a crear un ambiente acogedor. Entre los desafíos están el traslado frecuente de pertenencias y el riesgo de olvidar objetos importantes.
Todos bajo el mismo techo
En ocasiones, los padres optan por seguir viviendo juntos por motivos económicos o logísticos, pero esta solución suele ser temporal. González de Mendibil advierte que esta situación puede complicar el proceso de duelo de los padres y generar confusión en los niños, quienes pueden tener dificultades para comprender la separación si las rutinas familiares no cambian significativamente.
La casa de los abuelos
Otra opción transitoria es que el progenitor que abandona la casa familiar se mude con sus propios padres, llevando consigo a los hijos cuando sea su turno de custodia. Miguel Hierro señala que esta situación puede generar tensiones debido a la necesidad de negociar continuamente el espacio familiar, algo que se complica especialmente si los niños son adolescentes. Además, aunque los abuelos suelen querer ayudar, esta responsabilidad puede afectar su calidad de vida.
Modelo de custodia adaptado a la edad del niño
El modelo de custodia más frecuente es la alternancia semanal, pero no siempre es el más adecuado para los niños menores de tres años debido a su necesidad de apego constante. Miguel Hierro recomienda ajustar los tiempos de custodia en función de las necesidades individuales de los niños, incluso si esto significa modificar el esquema de semanas alternas. Adaptaciones como visitas intersemanales o recogidas después de actividades escolares pueden ser beneficiosas.
“Solo van a poder proporcionar estabilidad a los hijos si ellos transmiten que están bien”, indica Miguel Hierro, subrayando que la estabilidad emocional de los padres es crucial para el bienestar de los hijos.
En definitiva, la clave radica en la capacidad de los padres para mantener una relación cordial y demostrar bienestar, ya que esto influye directamente en la estabilidad emocional de sus hijos.
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