El cierre del estrecho de Ormuz, junto con el conflicto prolongado entre Estados Unidos e Irán, ha generado preocupación en el mercado del petróleo, elevando el precio del crudo a casi 120 dólares por barril. Este enclave estratégico es responsable del paso de aproximadamente el 20% del petróleo consumido a nivel mundial, y su bloqueo ha expuesto la vulnerabilidad de los países dependientes de las importaciones de crudo. En este contexto, España y otros países europeos podrían sostener su consumo durante más de 100 días sin nuevos suministros, gracias a las reservas estratégicas de crudo.
Reservas estratégicas: un amortiguador en tiempos de crisis
Las reservas estratégicas de petróleo fueron creadas para proteger las economías de interrupciones graves del suministro, evitando que una crisis internacional paralice sectores críticos como el transporte, la industria y la generación de energía. Establecidas tras la crisis del petróleo de los años setenta, estas reservas están coordinadas por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que exige a sus miembros mantener un mínimo de 90 días de importaciones netas de crudo. Este sistema está diseñado para mitigar el impacto en los precios y permitir una reorganización logística en situaciones de emergencia.
España, de acuerdo con datos actualizados a febrero de 2026, posee reservas para 105 días de consumo. Estas reservas combinan existencias gestionadas por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) y las reservas obligatorias de las empresas del sector petrolero. En caso de interrupción del suministro, el gobierno puede liberar estas reservas para abastecer el mercado, como ocurrió el año pasado cuando se liberaron barriles equivalentes a tres días de consumo durante un apagón eléctrico.
Impacto global y variaciones en las reservas
A nivel global, los países miembros de la AIE tienen aproximadamente 1.200 millones de barriles en reservas públicas de emergencia, lo que equivale a más de 90 días de importaciones netas. En Europa, Países Bajos tiene la mayor cobertura con 506 días de autonomía, seguido por Dinamarca, Finlandia y Hungría, con más de 200 días cada uno. En Estados Unidos, las reservas cubren 125 días, y al ser un país productor, puede extraer recursos para su autoabastecimiento. En Asia, Corea y Japón mantienen reservas para 206 y 195 días respectivamente, mientras que China podría resistir 115 días, aunque estos datos son estimaciones, ya que el país no proporciona cifras oficiales.
“La dependencia de Europa de los combustibles fósiles podría llevar a un escenario similar al de 2022, debido a la falta de independencia energética”, señala Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum AM.
Iniciativas internacionales frente a la crisis
Para mitigar la incertidumbre en los mercados, los ministros de finanzas del G-7 han solicitado a la AIE que prepare escenarios para una posible liberación conjunta de reservas estratégicas. Sin embargo, esta medida es poco frecuente; desde 1974, solo se ha aplicado en cinco ocasiones, como durante la Guerra del Golfo en 1991 o tras los huracanes Katrina y Rita en 2005. En cada caso, la principal función fue estabilizar los precios del mercado y ganar tiempo para reorganizar la logística de suministro.
Un informe de Citi advierte que una interrupción prolongada del flujo de petróleo a través de Ormuz podría no solo afectar al suministro de crudo, sino también a los productos derivados. Se estima que la falta de productos como combustible para aviones, diésel y gas podría alcanzar entre 6 y 7 millones de barriles diarios, agravando la situación energética global.
Perspectivas y desafíos futuros
La normalización del transporte de petróleo por el estrecho de Ormuz no garantizaría una recuperación inmediata del mercado energético. El proceso de reactivación y distribución del petróleo implica tiempo, ya que el crudo debe ser transportado y refinado antes de convertirse en productos utilizables por la industria. La actual paralización del transporte por este enclave representa una pérdida de unos 20 millones de barriles diarios, lo que subraya la complejidad de restablecer el flujo energético global.
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