Una expedición procedente de Córdoba ha trasladado 25.000 semillas de 50 variedades de olivo hasta el Ártico, donde se han almacenado en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ubicada no lejos del Polo Norte. Este depósito, considerado la caja fuerte vegetal más segura del mundo, mantiene las semillas a una temperatura constante de -18 ºC, protegidas bajo la nieve en sobres herméticos. La importancia de esta instalación se evidenció en 2015, cuando la guerra en Siria obligó al Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Secas (Icarda) a recuperar semillas del almacén tras la destrucción del banco de Alepo.
Preservación de variedades esenciales
Entre las variedades de olivo depositadas se encuentran Picual, Hojiblanca y otras tradicionales que forman parte del Banco Mundial de Germoplasma de Olivo de Córdoba. Este banco es una referencia internacional en la conservación de esta especie, y ahora sus semillas son parte de la mayor copia de seguridad agrícola del planeta. Excavada en la roca y resguardada por el hielo del archipiélago noruego, esta instalación desempeña un papel crucial en la salvaguarda de cultivos esenciales.
Un logro para la ciencia y la seguridad alimentaria
El acontecimiento fue anunciado el 21 de febrero, y la expedición cordobesa ya se encuentra en Svalbard supervisando el proyecto. Investigadores de la Universidad de Córdoba (UCO), como Pablo Morello y Hristofor Miho, junto a miembros del Consejo Oleícola Internacional (COI), participan en esta misión de preservación. Morello, responsable del banco de germoplasma, expresó su satisfacción afirmando que este hecho es un “hito en la conservación de la especie y del cultivo del olivo”.
Funcionamiento y colaboración internacional
La bóveda ártica, que opera a -18 grados, alberga más de 1.300 millones de semillas de alrededor de 7.000 especies vegetales. Se abre únicamente en situaciones de emergencia global como guerras, desastres naturales o crisis climáticas extremas. Diseñada para funcionar incluso sin energía eléctrica, utiliza el permafrost natural del Ártico y cuenta con equipos frigoríficos adicionales para asegurar la preservación a largo plazo.
El envío de las semillas de olivo fue posible gracias a una colaboración entre la Universidad de Córdoba, el Consejo Oleícola Internacional, la Universidad de Granada y el INIA-CSIC, en el marco del proyecto europeo GEN4OLIVE. Este proyecto busca reforzar la diversidad genética del cultivo ante amenazas crecientes.
Proceso de selección y desafíos técnicos
Las 50 variedades seleccionadas provienen de una colección de más de 700 mantenida en el Banco Mundial de Germoplasma de Olivo de Córdoba. Las semillas, que también incluyen 2.000 de acebuche recolectadas por la Universidad de Granada, pertenecen a países de tradición olivarera como España, Portugal, Marruecos, Italia, Francia, Grecia, Túnez y Turquía.
El proceso de preparación no fue sencillo. Dado que el olivo se multiplica principalmente por vía vegetativa, cada semilla debió ser meticulosamente seleccionada, limpiada, secada y sometida a ensayos de germinación antes de su conservación en condiciones árticas. El Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC conservará una copia idéntica en España, conforme a las normas del banco mundial que exigen mantener duplicados en el país de origen. Las instituciones depositantes mantienen la titularidad genética de las semillas.
Un legado para el futuro
Las semillas de olivo descansan ahora bajo el hielo como un seguro silencioso para un árbol milenario que ha nutrido civilizaciones a lo largo de los siglos. Aunque no se espera que esta “arca de Noé vegetal” se abra, en caso de necesidad, estas semillas permitirán que el olivo continúe floreciendo en la Tierra, garantizando que el legado del Mediterráneo perdure para las generaciones futuras.
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