El padre de una familia que residía en un chalé de la zona rural de Oviedo ha sido identificado como la única persona con acceso libre a la llamada ‘casa de los horrores’. Esta situación se descubrió tras el operativo de la Policía Local que rescató a tres menores, quienes habían estado encerrados durante casi cuatro años. Los padres de los niños llevan una semana en prisión en Asturias.
Una vida de aislamiento
El padre trabajaba desde casa como colaborador para diversas empresas alemanas, utilizando el único ordenador disponible en la vivienda. Era también el único que podía salir para comprar alimentos o recoger pedidos realizados al domicilio. La familia, compuesta por los padres y tres hijos de entre 8 y 10 años, vivía en una situación de aislamiento casi total desde diciembre de 2021.
Motivos del aislamiento
La familia llegó a Oviedo desde Alemania, aparentemente huyendo de los servicios sociales de su país, con la intención de educar a los niños en casa debido a su temor a la crisis sanitaria provocada por la pandemia. El comisario de la Policía Local, Javier Lozano, sugirió que el padre podría haber desarrollado un «síndrome covid», lo que habría motivado el prolongado aislamiento.
Condiciones insalubres
La intervención policial reveló condiciones de insalubridad en la vivienda, que no se correspondían con el objetivo de proteger a los menores del exterior. Se encontraron excrementos de un gato enfermo, pañales usados y una acumulación significativa de medicamentos. Se sospecha que los niños eran tratados por enfermedades que no padecían, aunque la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar desmintió que sufrieran dolencias graves, confirmando que están en buen estado físico.
Recuperación de los menores
Los niños ahora residen en un centro de menores, donde el foco está en su recuperación y en generar confianza con los educadores. Durante su reclusión, apenas salieron al exterior y pasaron gran parte del tiempo en sus habitaciones, donde dos de ellos dormían en cunas y el tercero en un camastro. La denuncia de una vecina, quien había observado a los niños desde las ventanas, fue clave en la intervención policial.
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