En un contexto de crisis económica y ajuste constante, Argentina ha comenzado a explorar alternativas alimenticias poco convencionales. En la provincia patagónica de Chubut, la carne de burro ha emergido como una opción viable frente al aumento significativo en los precios de la carne de vacuno, que ha experimentado un alza interanual del 55%. Esta iniciativa fue promovida por el productor rural Julio Cittadini, quien ha recibido el apoyo de las autoridades locales.
Alternativa económica en tiempos difíciles
La carne de burro se comercializa a un costo considerablemente más bajo que la carne de vacuno, con un precio aproximado de 7.500 pesos por kilogramo, lo que equivale a unos 4,6 euros. Según los vendedores, esta carne se distingue por su color más oscuro. Esta opción se presenta como una alternativa económica en un país donde el acceso a productos básicos se ha vuelto cada vez más difícil debido a la inflación y la caída del consumo.
Julio Cittadini explicó que los campos patagónicos, donde se ha detenido la producción ovina, no son adecuados para la ganadería vacuna. Sin embargo, el burro, gracias a su adaptabilidad, puede prosperar en estos terrenos. “Podemos ofrecer los mismos cortes que solíamos consumir en tiempos de mayor prosperidad económica”, afirmó Cittadini.
Impacto de la crisis en la alimentación
De acuerdo con la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA), el consumo de carne vacuna en el primer trimestre de 2026 fue de 512.000 toneladas, reflejando una caída del 10% respecto al mismo periodo del año anterior. La dieta promedio de los argentinos ha cambiado drásticamente, con un consumo per cápita de 47 kilos en un año, la cifra más baja desde la década de 1990.
“Acceder a lácteos, carnes magras, frutas o verduras de calidad se ha transformado en un privilegio de minorías, mientras que la mayoría ajusta su dieta a la supervivencia”, señala un estudio del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE).
Retos culturales y sanitarios
A pesar de los beneficios económicos, la introducción de la carne de burro enfrenta barreras culturales significativas. En un país donde el asado es parte esencial de la cultura culinaria, el consumo de burro es visto con escepticismo. Según Cittadini, aunque la degustación inicial fue bien recibida, se requiere superar “una barrera cultural” considerable.
La nutricionista Lourdes Monaldi destacó que la carne de burro es una fuente de proteínas de alto valor biológico y contiene una buena cantidad de hierro. Sin embargo, Monaldi advirtió sobre los problemas relacionados con el control sanitario. En un contexto de desregulación extrema, la falta de personal en el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) complica la supervisión adecuada de los productos alimenticios.
Este desmantelamiento del Senasa, promovido por el gobierno en un intento de reducir la burocracia, ha tenido repercusiones internacionales. China y Chile han rechazado embarques de carne argentina debido a la insuficiencia en los controles sanitarios, lo que afecta la reputación y credibilidad de los productos argentinos en mercados internacionales.
Reacciones y perspectivas futuras
La introducción de la carne de burro ha generado reacciones mixtas en la población. Mientras algunos sectores critican la medida por el vínculo emocional con el animal, otros ven en esta iniciativa una oportunidad para mitigar las dificultades económicas. En las redes sociales proliferan comentarios irónicos y memes acerca de esta nueva propuesta alimentaria.
El Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC) ha instado al gobierno a reforzar los controles de calidad para mantener la competitividad en el mercado internacional. La situación actual representa un desafío para las autoridades, quienes deben encontrar un equilibrio entre innovación económica y la preservación de estándares de calidad.
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