Groenlandia ha dejado de acaparar la atención de los medios, a pesar de las pasadas intenciones de Donald Trump de adquirir la isla danesa. Sin embargo, este no es el único territorio de ultramar bajo el control de un país de la Unión Europea. Cuatro naciones del bloque comunitario, a saber, España, Portugal, Francia y Países Bajos, poseen territorios extraterritoriales.
Estos territorios se agrupan en dos categorías: los Países y Territorios de Ultramar (PTU) y las Regiones Ultraperiféricas (RUP). Los PTU no forman parte de la UE, pero sus habitantes tienen la ciudadanía europea, beneficiándose de un estatus de asociación que impulsa su desarrollo económico y social. Por otro lado, las RUP están completamente integradas en la UE, como es el caso de las Islas Canarias.
Presencia colonial francesa
Francia destaca por ser el país con el mayor número de territorios de ultramar, sumando un total de 12. Estos territorios, conocidos como “los confetis del imperio” por el periodista francés Jean-Claude Guillebaud, son vestigios de su pasado colonial. Aunque Francia ya no es una gran potencia colonial, ha mantenido pequeñas posesiones estratégicas en diversas regiones del mundo.
Estos territorios permiten a Francia gestionar la Zona Económica Exclusiva más extensa del mundo, aprovechando su ubicación en rutas marítimas cruciales. Además, cuentan con bases militares en lugares como Guayana, el océano Índico, el Atlántico, el Pacífico y el Caribe.
Situación social en las Antillas francesas
Las islas caribeñas de Martinica y Guadalupe concentran gran parte de la población de estos territorios, que asciende a casi tres millones de habitantes en 120,000 kilómetros cuadrados. A pesar de su belleza natural, estas islas enfrentan problemas de desigualdad, heredados de un pasado esclavista. Los Békés, descendientes de antiguos propietarios de esclavos, constituyen solo el 1% de la población, pero controlan el 50% de las tierras y el 90% de la industria agroalimentaria.
“La sombra de China planea sobre el referéndum”
Un escándalo significativo relacionado con los Békés fue el uso prolongado de un pesticida en plantaciones de plátanos, que afectó la salud de la población local y contaminó agua y suelos. En 2024, Martinica vivió una revuelta debido al aumento del costo de los alimentos, que era un 40% más alto que en la metrópoli. La situación llevó a París a enviar fuerzas antidisturbios y a la imposición de un toque de queda.
Tensiones en Nueva Caledonia
En el mismo año, Nueva Caledonia también experimentó disturbios que resultaron en la muerte de 14 personas. Estas tensiones surgieron por la ampliación del censo electoral, favoreciendo a los unionistas en detrimento de los independentistas, principalmente los Kanaks, que constituyen más del 40% de la población. En respuesta, el gobierno francés negoció un estatus especial para el archipiélago, que continuará siendo parte de Francia pero como un nuevo Estado.
Este acuerdo, firmado en 2025, aún debe ser ratificado tanto por la Asamblea Nacional francesa como por los votantes de Nueva Caledonia. La ONU expresó su preocupación por el “uso excesivo de la fuerza” en la represión de las revueltas en las Antillas y Nueva Caledonia.
Influencia internacional
La influencia de China en la región es un factor desestabilizador para Nueva Caledonia. El país asiático es el principal comprador de níquel del archipiélago, que es el cuarto mayor productor mundial de este metal. Los independentistas buscan fortalecer sus lazos con China, lo que añade un componente geopolítico al proceso de autodeterminación.
Algunos territorios franceses son objeto de reclamaciones por parte de otros países. Canadá reivindica el archipiélago de San Pedro y Miquelón, México reclama la isla de Clipperton, y las islas Comoras disputan la soberanía de Mayotte. Además, las Tierras Australes y Antárticas Francesas sirven principalmente como bases científicas.
División territorial en el Caribe
Un hecho curioso es la isla caribeña de San Martín, descubierta por Cristóbal Colón en 1493, que está dividida entre dos países europeos desde el siglo XVII: la parte norte pertenece a Francia y la sur a los Países Bajos. Esta es la única frontera compartida por dos países de la UE fuera de Europa continental.
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