Antes del estallido de hostilidades el pasado junio entre Irán e Israel, tras el bombardeo al programa nuclear iraní, la Guardia Revolucionaria, conocida como Pasdarán, mantenía su influencia en la toma de decisiones a través de una compleja red institucional que pretendía legitimar al régimen como una democracia. Sin embargo, esta fachada se ha desvanecido con el inicio del conflicto con Estados Unidos e Israel, mostrando un control militar más visible y decisivo por parte de los Pasdarán sobre todas las ramas del Estado.
Impacto de las hostilidades en la estructura de poder
A pesar de los pronósticos que sugerían un rápido colapso del gobierno iraní debido a los ataques sostenidos sobre las infraestructuras militares y de seguridad, la realidad ha demostrado ser más compleja. Aunque la capacidad militar de Irán se ha visto reducida, el país sigue amenazando los intereses de Washington y sus aliados, manteniendo el estrecho de Ormuz cerrado al tránsito de buques y generando tensiones en los mercados energéticos internacionales. No obstante, el desgaste de la cúpula militar y política es evidente.
La atención se centra ahora en la Guardia Revolucionaria, que ha logrado sustituir rápidamente a sus comandantes caídos y ocupar posiciones de poder previamente en manos civiles. Ali Lariyaní, secretario del Consejo de Seguridad Nacional, fue uno de los civiles afectados, lo cual ha reforzado la presencia de los Pasdarán en el gobierno y ha preparado el terreno para una reconfiguración del poder.
Cambios en el liderazgo
La elección de Mojtaba Jameneí como líder supremo tras la muerte de su padre, Ali Jameneí, ha consolidado lo que algunos consideran un “golpe de Estado” por parte de los Pasdarán. En este contexto, el Círculo Habib, liderado por Hossein Taeb, ha emergido como uno de los principales centros de poder. Taeb, exjefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria, ha jugado un papel crucial en la elección de Mojtaba.
Simultáneamente, el Círculo Mansourun, conocido por su lucha armada contra la monarquía antes de la revolución de 1979, ha recuperado influencia. Mohsen Rezaei, excomandante de la Guardia, ha sido nombrado asesor militar de Mojtaba Jameneí, mientras que Mohammad Bagher Zolghadr ahora preside el Consejo Supremo de Seguridad Nacional tras la muerte de Lariyaní.
Limitaciones del poder presidencial
Estos cambios han puesto en evidencia la limitada autoridad del presidente iraní, Masud Pezeshkián, cuyo rol se limita a ratificar decisiones tomadas por otros. Esto es ilustrado por el nombramiento de Zolghadr, que se realizó con el respaldo de Taeb. Hessamodin Ashna, exasesor de seguridad, ha cuestionado públicamente la extensión del poder de Taeb, aunque sus comentarios fueran eliminados posteriormente.
Con Zolghadr al frente de Seguridad Nacional, se ha consolidado un equipo de línea dura, lo que podría augurar una represión más intensa contra opositores internos una vez finalice la guerra.
Actores clave y desafíos
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, quien también ha sido comandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, desempeña un rol crucial en el actual equilibrio de poder. Tras la muerte de Ali Shamjaní, figura influyente del Círculo Mansourun, Ghalibaf se ha convertido en un nodo central, conectando las fuerzas militares, de seguridad y administrativas.
Sin embargo, su dominio es cuestionado por figuras como Ahmad Vahidí, actual jefe de la Guardia Revolucionaria, conocido por su larga trayectoria militar y sancionado por Estados Unidos. A pesar de las rivalidades internas, Ghalibaf cuenta con un significativo respaldo y una gran influencia, aunque, según el analista político Ata Mohamad Tabriz, aún no ha surgido un líder indiscutible.
Mohamed Tabriz afirmó que “el régimen islámico lleva años preparado para esta guerra”, explicando que ha descentralizado sus estructuras defensivas, económicas y políticas. Esta estrategia no surge solo por la reciente ofensiva israelí, sino que tiene sus raíces en experiencias anteriores, como la Operación Mantis Religiosa de 1988 y las intervenciones militares estadounidenses en Irak y Afganistán.
La economía bajo el control de la Guardia Revolucionaria
La presencia de la Guardia Revolucionaria en la economía iraní ha crecido significativamente desde la guerra Irán-Irak en los años ochenta. Este proceso se ha visto impulsado por la falta de un mercado competitivo debido a las sanciones internacionales y las privatizaciones de 2005. La presidencia de Irán ha experimentado una disminución progresiva de su poder, acelerada tras las protestas de 2009 y consolidada con la llegada al poder de Ebrahim Raisí en 2019, respaldado por círculos cercanos a la Guardia y al líder supremo.
Luciano Zaccara, profesor en la Universidad de Georgetown en Qatar, destaca que la presidencia ahora ejerce un papel secundario, en gran parte debido al fortalecimiento del control de la Guardia Revolucionaria en diversos aspectos del gobierno y la economía del país.
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