El Barcelona Institute of Science and Technology (BIST) es una entidad que reúne a siete destacados centros de investigación en Cataluña, bajo una estructura público-privada. Desde hace tres años, Eduard Vallory lidera esta institución que incluye al Centro de Regulación Genómica (CRG), el Instituto de Bioingeniería (IBEC), el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), el Instituto de Investigación Química (ICIQ), el Instituto de Nanociencia y Nanotecnología (ICN2), el Instituto de Física de Altas Energías (IFAE) y el Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona). En conjunto, estos centros agrupan a 2,700 investigadores, situándose en el 1% superior de producción científica en Europa, acumulando además 270 patentes y 56 ‘spin-offs’.
Desafíos de la investigación catalana
Eduard Vallory subraya que el problema no radica en la capacidad de producción científica, sino en los retos posteriores. Durante el IV BIST Forum, se analiza cómo cerrar la brecha tecnológica entre Europa, Estados Unidos y China a través de la innovación ‘deep-tech’. Aunque Cataluña posee un ecosistema robusto para la investigación y desarrollo, con una gran atracción de talento internacional y un considerable flujo de subvenciones del Consejo Europeo de Investigación, la transición del laboratorio al mercado es compleja.
“El problema de los científicos catalanes es que no saben qué hacer con tanta investigación. Generan muchísima investigación de frontera, pero el salto hacia el mercado está lleno de agujeros. El conocimiento existe, el talento existe, pero los mecanismos para convertir eso en nueva industria no están suficientemente articulados.”
La brecha entre investigación y mercado
Vallory advierte sobre los riesgos de no transformar el conocimiento en valor comercial. La falta de mecanismos adecuados para llevar la investigación al mercado podría traducirse en la pérdida de inversiones públicas significativas. A pesar de que las ‘start-ups’ catalanas de salud han captado un récord de 517 millones de euros, es crucial diferenciar entre empresas que simplemente aplican tecnología existente y aquellas que surgen de descubrimientos científicos con un recorrido incierto y costoso.
Cataluña alberga el 40% de las inversiones en empresas ‘deep-tech’ en España, pero competir a nivel global con una mentalidad regional representa un desafío. Un ejemplo es Inbrain Neuroelectronics, una ‘spin-off’ que ha recaudado 124 millones de euros, pero enfrenta la competencia de gigantes como Neuralink, con una financiación mucho mayor.
El contexto europeo
Según Vallory, el problema no se limita a Cataluña, sino que es un fenómeno europeo. Aunque Europa no está rezagada en generación de conocimiento, la innovación disruptiva enfrenta obstáculos significativos debido a la falta de financiación en etapas iniciales y la fragmentación geográfica y política. El informe de Mario Draghi resalta estas deficiencias, especialmente en la financiación pública crucial en fases iniciales de desarrollo y pruebas de concepto.
Propuestas para fortalecer la industria
En el BIST, se propone una mayor integración entre la política científica de I+D, la política industrial y la competitividad empresarial. La dispersión de estas áreas en diferentes ministerios impide que las instituciones de conocimiento se conviertan en infraestructuras estratégicas, esenciales para la competitividad europea.
“Si queremos que las instituciones generadoras de conocimiento se conviertan en infraestructuras estratégicas, es crucial alinear la política científica de I+D con la política industrial y la competitividad empresarial.”
La importancia de la financiación privada
La financiación privada es fundamental en las etapas intermedias de desarrollo, cuando se prueba y valida el concepto. Esta fase crítica, donde muchas empresas fracasan, requiere de ‘fondos pacientes’ dispuestos a esperar un retorno a largo plazo. Redistribuir el riesgo es clave para que el éxito de un pequeño porcentaje de proyectos compense la elevada tasa de fracaso.
Objetivo a largo plazo
El objetivo final es transformar el panorama empresarial del Ibex 35 con empresas emergentes basadas en ‘deep-tech’. La creación de una industria propia en inteligencia artificial, semiconductores, nuevos materiales o biotecnología es esencial para no depender de otras economías y asegurar un futuro económico sostenible y próspero.
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