Lucila Pascua, nacida en Barcelona en 1983, ha sido una figura destacada en el baloncesto femenino español, tanto dentro como fuera de las canchas. Durante casi dos décadas, sus 196 centímetros de estatura destacaron en el ámbito deportivo, contribuyendo al éxito de la selección española y a la consolidación de una época dorada para este deporte en el país. Aunque retirada de la competición, Pascua sigue siendo una figura influyente como presidenta de la Asociación de Jugadoras de Baloncesto (AJUB) y docente en la Universidad Católica de Murcia (UCAM).
Una trayectoria destacada
A lo largo de su carrera, Pascua ha ganado ocho medallas internacionales, incluidas la histórica plata en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y ha disputado más de 200 partidos con la selección nacional. Además de su éxito en el ámbito internacional, ha cosechado títulos locales, como una Liga Femenina, dos Copas de la Reina y varias Supercopas, contribuyendo en gran medida a la historia del baloncesto femenino en España.
“Me pueden considerar una jugadora histórica, pero a veces pienso que he pasado un poco desapercibida por mi forma de ser y por mi juego, muy de equipo, de hacer vestuario”, expresa Pascua.
El papel del 8 de marzo en el deporte femenino
En el contexto del Día Internacional de la Mujer, Pascua destaca los avances logrados en el deporte femenino, aunque reconoce que aún queda mucho por hacer. A diferencia de otras disciplinas, considera que el baloncesto femenino en España ha gozado de un cierto reconocimiento. Sin embargo, las condiciones laborales todavía presentan desafíos significativos.
“Siempre he notado un gran respeto hacia el baloncesto femenino… teníamos contratos, se nos trataba bien, la selección obtenía resultados y la liga era muy potente”, señala Pascua.
El impacto de las redes sociales
La exjugadora también analiza el papel de las redes sociales en la actualidad, un fenómeno que ha cambiado la forma en que se perciben las deportistas. Aunque han ampliado la audiencia, también han sometido a las jugadoras a una constante exposición pública, a menudo más allá de su desempeño en la cancha.
“Atrae a gente de fuera del mundo del baloncesto, lo cual es bueno para crear audiencia, pero a veces también atrae dinámicas negativas”, afirma Pascua.
Desigualdades persistentes
Lucila Pascua denuncia experiencias machistas en el baloncesto, como las cláusulas antiembarazo que firmó al inicio de su carrera. Tales prácticas, aunque erradicadas, reflejan las desigualdades que aún persisten. La Asociación de Jugadoras trabaja para mejorar las condiciones laborales y fomentar un entorno más equitativo para las deportistas.
“En mi carrera firmé cláusulas antiembarazo; es anticonstitucional e ilegal”, recuerda Pascua.
Violencia simbólica y desafíos organizativos
La presidenta de la AJUB enfatiza la necesidad de abordar la “violencia simbólica”, esas desigualdades que se han normalizado en el deporte femenino. Aunque se han logrado avances, la logística de los viajes y otros aspectos organizativos aún presentan disparidades.
“Antes había cosas que, si querías llegar a ser jugadora, tenías que aguantar o darlas por hecho, como tener peores horarios de entrenamiento”, añade Pascua.
Brechas salariales y roles técnicos
A pesar de la profesionalización del baloncesto femenino, las disparidades salariales siguen siendo un problema. Pascua critica la falta de igualdad en las condiciones laborales y destaca la necesidad de ver a las deportistas de élite como trabajadoras con derechos.
“Es triste luchar contra un pensamiento así de arcaico”, comenta Pascua sobre la percepción de las deportistas.
En cuanto a los roles técnicos, la presencia de mujeres en los banquillos sigue siendo limitada. Actualmente, solo tres mujeres ocupan el puesto de entrenadoras jefe en la Liga Femenina, lo que evidencia un techo de cristal persistente en el ámbito del entrenamiento.
Comentarios
Todavía no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!