El Festival de Málaga ha sido escenario de un potente drama sobre la violencia machista, consolidando a La buena hija como una de las películas favoritas del certamen. Dirigida por Júlia de Paz, esta cinta se centra en una adolescente de doce años, interpretada por la debutante Kiara Arancibia, que enfrenta la separación de sus padres debido al carácter violento de su padre, un artista plástico. A pesar de la cercanía con su progenitor, la joven tarda en reconocer el maltrato, culpando inicialmente a su madre por la ruptura familiar.
La visión de Júlia de Paz
Júlia de Paz, conocida por su trabajo como guionista en la serie Querer, plasma en la película un estilo sutil que revela gradualmente la verdadera naturaleza del padre. La directora catalana, de 31 años, expresa su intención de llevar al público por un viaje emocional similar al de la protagonista, pasando del amor al desamor hacia el padre, y el proceso inverso con la madre.
«Quería que el público hiciera el mismo camino que la protagonista, que pasara del amor al desamor con el padre y el camino inverso con la madre», explica de Paz.
El filme, que se estrenará el 10 de abril, aborda la complejidad de las relaciones marcadas por el maltrato. De Paz destaca que, fuera de estas relaciones, a menudo se culpa a la víctima por no haber abandonado antes al agresor, ignorando los momentos de afecto que pueden existir.
Contexto actual y trabajo de investigación
El lanzamiento de La buena hija se produce en un momento de reflexión social, recordando que en lo que va del año se han registrado 18 feminicidios y el asesinato de dos menores a manos de sus padres. Júlia de Paz, junto a la coguionista Núria Dunjó, dedicaron seis años a investigar la violencia machista, entrevistando a víctimas, agresores, abogados y psicólogos.
«Descubrimos que los niños no están siendo escuchados y de ahí surgió la motivación de la película. La violencia machista no se centra exclusivamente en la pareja, hay muchas víctimas que son niños y niñas», señala de Paz.
El elenco y su interpretación
Julián Villagrán, reconocido por sus papeles de personajes excéntricos, encarna al padre pintor cuya imagen se transforma ante los ojos de su hija. La película aborda el impacto del maltrato en los hijos, quienes no solo sufren las consecuencias de las acciones de sus padres, sino también el temor de haber heredado ese comportamiento violento.
«Se trataba de no ser demasiado explícito y que el espectador llene esos vacíos que dejamos a propósito», puntualiza la directora.
La buena hija no solo busca cuestionar y reflexionar sobre la violencia machista, sino también dar voz a los más jóvenes, quienes muchas veces son las víctimas invisibles de estas situaciones.
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