El impacto imborrable del horror a través del tiempo

El 26 de mayo de 2013, los cuerpos desmembrados de Ingrid Visser, destacada jugadora de voleibol holandesa, y su pareja Lodewijk Severein fueron hallados en un huerto de Alquerías, Murcia, en un caso que conmocionó a la sociedad. Doce años después, el principal autor del crimen espera su primer permiso, mientras la brutalidad del asesinato sigue dejando una huella imborrable en la memoria colectiva.

El 26 de mayo de 2013, en la pedanía murciana de Alquerías, se desveló un crimen que conmocionó a la comunidad y cuyo impacto perdura a lo largo de los años. Los agentes de la Policía Científica encontraron los cuerpos desmembrados de Ingrid Visser, una destacada jugadora de voleibol de la selección holandesa, y su pareja, el empresario Lodewijk Severein. Ambos habían desaparecido días antes y sus rostros se multiplicaban en carteles por las calles de Murcia.

El 13 de mayo de ese año, Visser y Severein llegaron a España en un vuelo procedente de los Países Bajos. Alquilaron un vehículo y se hospedaron en un hotel céntrico de Murcia, con la intención de pasar solo una noche. Sin embargo, sus planes tomaron un giro fatal tras una cita con Juan Cuenca, exgerente del Club Voleibol Murcia 2002, donde Visser había jugado previamente. Cuenca, junto a los rumanos Valentín Ion y Constantin Stan, planeó un violento encuentro que culminó en tragedia.

La reunión fatal

En la noche del asesinato, Cuenca se dirigió a Murcia desde Valencia, acompañado por Ion y Stan. Durante el trayecto, comunicó a una amiga, María Rosa, que comprara materiales como bolsas de basura y productos químicos, que posteriormente se utilizarían en la escena del crimen. Cuenca y sus cómplices se dirigieron a la Casa Colorá, una edificación aislada en El Fenazar, que se convertiría en el escenario del macabro suceso.

En este lugar, Ingrid Visser y Lodewijk Severein fueron brutalmente atacados. La autopsia reveló múltiples fracturas y heridas causadas por objetos contundentes. La fiscal del caso, Verónica Celdrán, destacó que ambos cayeron en una “trampa” y sufrieron una “muerte horrorosa, dolorosa y planeada”. Ion, según la sentencia, fue el único que ayudó a Cuenca en el asesinato, mientras que Stan, aunque inicialmente ajeno al crimen, colaboró en el descuartizamiento y entierro de los cuerpos.

Investigación y juicio

Tras el asesinato, los cuerpos de la pareja fueron trasladados a un huerto en Alquerías, propiedad de un conocido de Cuenca, Serafín de Alba. Los investigadores concluyeron que De Alba no era consciente de que su terreno se usaba para ocultar los cadáveres, creyendo que los hombres simplemente lo ayudarían con tareas de jardinería.

La desaparición de Visser y Severein activó las alarmas cuando no se presentaron en la clínica ‘Tahe Fertilidad’ de Murcia, donde tenían programada una cita crucial en su tratamiento de fertilidad. Sus familiares, preocupados por su ausencia, viajaron a Murcia para iniciar una búsqueda intensiva que culminó con el hallazgo fatal en Alquerías.

Detenciones y condenas

La policía centró sus investigaciones en Cuenca y sus cómplices tras las declaraciones contradictorias y el rastro de las pruebas. Finalmente, Cuenca fue detenido y procesado junto a Ion y Stan. Durante el juicio, la fiscalía presentó una sólida acusación que detallaba la premeditación y brutalidad del crimen. Las condenas fueron severas, reflejando la gravedad de sus acciones.

El caso, que ha dejado una marca imborrable en la memoria colectiva, sigue recordándose como uno de los crímenes más atroces en la historia reciente de Murcia. A pesar del tiempo transcurrido, la brutalidad y el impacto emocional del asesinato de Ingrid Visser y Lodewijk Severein continúan resonando en la sociedad y entre quienes los conocieron.

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Carlos López

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Redactor con amplia trayectoria en medios informativos. Defensor del periodismo de servicio público, aborda todo tipo de noticias desde la política hasta la economía y los asuntos de sociedad.

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