En una reciente conferencia celebrada en Palma sobre vivienda y fragmentación urbana, expertos advirtieron sobre la creciente desigualdad en el acceso a la vivienda, un fenómeno especialmente presente en regiones como Baleares debido a la intensa presión inmobiliaria. Javier Burón, director gerente de la empresa pública de suelo industrial, vivienda y cohesión territorial del Gobierno de Navarra, destacó la incapacidad de las instituciones para abordar un problema que considera plenamente identificado.
Presión turística y mercado inmobiliario
Burón señaló que en España, y especialmente en Baleares, se observa una tendencia a destinar viviendas residenciales a usos turísticos de corta duración. Según el experto, “tenemos un exceso de unos usos y un defecto de otros”, lo que sitúa a Baleares y Canarias en el centro del problema debido a la alta presión turística e inmobiliaria. Este fenómeno, advierte, es el resultado de un proceso acumulado durante décadas.
Dependencia económica del turismo
El análisis de Burón identifica dos factores que dificultan las políticas de vivienda: la estructura económica altamente dependiente del turismo y del negocio inmobiliario. “Cambiar la estructura de una economía lleva décadas”, afirma, subrayando las complicaciones de implementar cambios que impliquen asumir costos. Burón también resalta un conflicto generacional en el mercado inmobiliario, donde la mayoría de los propietarios son baby boomers, mientras que los inquilinos pertenecen principalmente a las generaciones Z y milenial.
Impacto generacional en el mercado
Burón describe a los baby boomers como los principales propietarios y multipropietarios, con una visión del mercado inmobiliario influenciada por su experiencia vital y la evolución del país. En contraste, los inquilinos suelen ser jóvenes que enfrentan dificultades para pagar alquileres altos. Esta división genera una lectura política del problema, donde los beneficiados están más organizados que los perjudicados, quienes también votan, pero en menor número.
Estrategias propuestas para abordar el problema
En cuanto a medidas concretas, Burón aboga por la declaración de zonas de mercado tensionado como herramienta temporal para controlar el crecimiento descontrolado de precios. Aunque no se considera una solución estructural, esta medida es vista como necesaria para contener la situación mientras se desarrollan políticas más profundas. Burón rechaza la idea de que tales medidas reduzcan la oferta, argumentando que lo que disminuye es la rotación de contratos.
Para el largo plazo, Burón sugiere aumentar la inversión en vivienda asequible hasta el 1% del PIB durante al menos 15 años, combinando recursos públicos y privados. También insiste en la necesidad de ampliar el parque de vivienda protegida y evitar que estas propiedades ingresen al mercado libre, proponiendo alianzas entre administraciones, cooperativas y empresas privadas con beneficios limitados.
Dificultades para el cambio
Finalmente, Burón reflexiona sobre la dificultad de impulsar transformaciones en el sector, sugiriendo que el actual modelo persiste porque los sectores que se benefician de él están mejor organizados. “Se vota vivienda o se votan otras cosas”, concluye, destacando la importancia de una voluntad política para resolver el problema estructural que enfrenta el mercado inmobiliario.
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