Reapertura del estrecho de Ormuz enfrenta desafíos pese a promesas de Trump

La reapertura del estrecho de Ormuz, prometida por Donald Trump como una solución rápida a la crisis energética, enfrenta una realidad más lenta y compleja de lo anunciado. Pese al acuerdo previsto con Irán para este viernes, el proceso técnico de retirada de minas y la reactivación de infraestructuras podrían extenderse por meses, complicando el alivio inmediato para los mercados globales. La situación subraya los desafíos de una recuperación que depende de la estabilidad en una región marcada por el conflicto.

La reapertura del estrecho de Ormuz, según las declaraciones del presidente Donald Trump, enfrenta un proceso más prolongado y complejo de lo que se ha prometido públicamente. Aunque el acuerdo con Irán podría aliviar los mercados globales, las operaciones necesarias para desminar la zona, convencer a las empresas navieras de la seguridad y reactivar el suministro de petróleo, requerirán meses para alcanzar una normalidad completa.

Desafíos logísticos y técnicos

El proceso de retirar minas en el estrecho de Ormuz podría extenderse por varias semanas, y el alivio total en las exportaciones de petróleo podría tardar hasta dos meses. Este proceso no solo depende de la retirada de minas, sino también de la reactivación de infraestructuras paralizadas y de restablecer la confianza de las navieras que operan en la región.

Inicialmente, el anuncio del acuerdo provocó una caída significativa en el precio del Brent, que bajó cerca de un 5%, colocándose por debajo de los 83 dólares por barril. El gas mayorista en Europa también experimentó una reducción de aproximadamente un 6%, mientras que las bolsas subieron. Sin embargo, el ritmo de cambio en los precios del mercado puede ser más rápido que la capacidad de respuesta logística de los petroleros.

Confusión sobre plazos y procedimientos

Las declaraciones oficiales han generado cierta confusión en torno al calendario de reapertura. Trump aseguró que había autorizado la apertura inmediata del estrecho, pero posteriormente aclaró que esto sucedería después de la firma del acuerdo para facilitar el proceso de retirada de minas. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, complicó más el panorama al sugerir que la reapertura podría ser inmediata o tomar hasta 30 días para completarse.

Además, existe incertidumbre sobre el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes. Mientras Trump afirmó que este bloqueo se levantaría de inmediato, Hegseth indicó que este proceso podría avanzar de manera gradual.

Periodo de tregua para negociaciones

Washington y Teherán han acordado un periodo de 60 días para negociar un acuerdo más amplio que incluya el programa nuclear iraní y las sanciones. Este plazo podría ser suficiente para los buques cercanos al estrecho, pero representa un riesgo mayor para los petroleros ubicados más lejos, en caso de que la reapertura sea temporal.

Según la agencia de noticias iraní Fars, el borrador del acuerdo menciona la autoridad conjunta de Irán y Omán sobre los servicios de navegación, y estipula que el paso libre se garantizará solo durante 60 días, antes de estudiar cómo generar ingresos a partir de esta apertura.

Impacto en Europa y Asia

La noticia de la reapertura ha sido recibida con alivio en Europa, donde la caída del precio del gas y el crudo ayuda a reducir la presión sobre la inflación y los costes industriales. No obstante, una reapertura sostenible del estrecho es esencial para mantener controlados los precios de los carburantes, la electricidad y otras materias primas.

Un analista comentó: “El impacto se siente principalmente en el queroseno, el diésel y los productos petroquímicos. Sin embargo, si las primas de riesgo de las navieras se mantienen altas o los cargamentos no se normalizan rápidamente, los consumidores europeos podrían experimentar alivios en los mercados antes que en las gasolineras.”

Por otro lado, Asia continúa siendo la región más afectada. Una gran parte del petróleo y gas natural licuado que atraviesa Ormuz está destinada a mercados asiáticos como Japón, Corea del Sur, China e India, que han enfrentado escasez física y presión inflacionaria durante meses.

Perspectivas futuras

Si el acuerdo se mantiene y se expande, es probable que el precio del petróleo se mantenga por debajo de los máximos alcanzados durante la guerra. No obstante, los analistas de mercado advierten que no se espera que los precios de la gasolina y el diésel vuelvan a los niveles anteriores al conflicto en un futuro cercano, incluso en regiones que no enfrentaron escasez directa.

La crisis también ha tenido un impacto en la demanda global. S&P Global Energy estima que el consumo mundial de petróleo y combustibles relacionados caerá casi un 5% en el segundo trimestre, representando la mayor disminución desde la pandemia. La Agencia Internacional de la Energía proyecta una caída más moderada, pero también anticipa una menor actividad, importaciones y producción industrial.

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Laura Hernández

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