La reciente desclasificación de 153 documentos del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 ha permitido esclarecer aspectos hasta ahora oscuros de este episodio crucial en la historia de España. Estos documentos incluyen informes de la Guardia Civil, manuscritos anónimos y actas de reuniones del entonces rey Juan Carlos I. La revelación coincide con el fallecimiento de Antonio Tejero, una de las figuras centrales del intento de golpe.
La reacción del monarca
El 23 de febrero, mientras Antonio Tejero irrumpía en el Congreso de los Diputados, el rey Juan Carlos I se encontraba en el palacio de la Zarzuela. Según documentos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el monarca mantuvo la calma y respondió numerosas llamadas de autoridades civiles y políticas, aconsejando serenidad. Una conversación destacada fue con el general Alfonso Armada, quien intentó integrarse a la Zarzuela, pero fue disuadido por Juan Carlos I.
El discurso del rey, preparado para calmar a la nación, enfrentó un retraso debido a la ocupación militar de RTVE, y finalmente se emitió pasada la medianoche.
Comunicaciones de Tejero
Dentro del Congreso, Antonio Tejero sostuvo varias comunicaciones con el exterior, entre las que destaca su interacción con Juan García Carrés. Este último, condenado como el único civil involucrado en el golpe, fue el encargado de disponer de los autobuses para los guardias civiles. Las conversaciones desclasificadas revelan un Tejero desconfiado de Alfonso Armada, al que acusaba de intentar asumir la presidencia a cualquier coste.
En otro intercambio, la esposa de Tejero, Carmen Díez, expresó su preocupación por la seguridad de su esposo, evidenciando el aislamiento de Tejero al mencionar que Milans del Bosch lo había dejado “tirado”.
Ocupación de RTVE
El control de Radiotelevisión Española fue un movimiento clave de los militares poco después de la entrada de Tejero al Congreso. Un soldado del regimiento Villaviciosa, parte de la División Acorazada Brunete, confesó que las órdenes dadas eran de violencia extrema, incluyendo disparar a matar si era necesario.
“El primer tiro al aire y el segundo a dar”, relató el soldado, subrayando la gravedad de las instrucciones.
Sin embargo, durante los juicios de 1982, el general Joaquín Valencia Remón argumentó que la intención no era ocupar sino proteger las instalaciones de RTVE.
Inquietudes tras el golpe
Después del fracaso del golpe, los temores persistieron. En una reunión a finales de 1981 entre Juan Carlos I y líderes del gobierno, se reconoció la inestabilidad del país y la delicada situación militar. José Faura, jefe de la División Interior del CESID, alertó sobre el “ambiente enrarecido” en los cuarteles, sugiriendo la necesidad de mantener la disciplina en las fuerzas armadas.
Desinformación y errores
El periodo posterior al golpe estuvo plagado de rumores y desinformación. Un informe del Ministerio del Interior apuntó a la difusión de bulos sobre la implicación de Juan Carlos I, destinados a m, así como las reflexiones de Tejero sobre el 23-Finimizar la responsabilidad de los golpistas y debilitar la Corona.
Además, un análisis de los propios golpistas identificó errores críticos, como no haber retenido al “Borbón” y haber confiado en él “como si fuese un caballero”. Estas reflexiones subrayaron el fracaso estratégico del golpe.
Intentos fallidos y nuevos planes
Entre los planes contemplados por los golpistas antes del 23-F, destaca la operación “cívico-militar”, que proponía la dimisión forzada de Adolfo Suárez mediante presiones diversas, con el objetivo de instaurar un gobierno militar apoyado por UCD y PSOE.
También se mencionó la “Operación Galaxia”, un plan anterior que llevó al encarcelamiento de Tejero, y que formaba parte de las varias estrategias para desestabilizar el gobierno de Suárez.
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