En Cantabria, un caso enigmático ha mantenido en vilo a una comunidad durante tres años. La desaparición de Alejandro Mencía, un joven de 30 años, ocurrió mientras celebraba un cumpleaños con amigos en la Hermandad de Campoo de Suso, un pequeño municipio de 1.600 habitantes. Aunque las autoridades consideraron inicialmente el caso como una marcha voluntaria, la familia siempre sospechó que podría tratarse de una muerte violenta o accidental encubierta.
Alejandro Mencía desapareció la noche del 23 de mayo de 2020. Según sus amigos, había ido al río con un compañero para limpiar ropa cuando una densa niebla les sorprendió. Mientras su compañero pudo regresar a la cabaña, Alejandro se desorientó. Aunque sus amigos intentaron buscarlo, finalmente decidieron llamar a emergencias varias horas después.
En el monte, lo único que se encontró de Alejandro fueron sus botas, desgastadas como si hubiesen sido arrastradas. Esta evidencia generó especulaciones entre sus allegados, quienes cuestionaron la teoría de la Guardia Civil sobre una posible marcha voluntaria. La familia se preguntaba cómo podría haber desaparecido sin camiseta, descalzo y sin ningún tipo de identificación o dinero.
Búsqueda y dudas familiares
Vecinos, familiares y voluntarios, con la ayuda de la Asociación Sosdesaparecidos, participaron en la búsqueda de Alejandro. Desde el principio, la familia sospechó que los once amigos que lo acompañaban ocultaban información relevante, similar a otros casos de homicidio en Asturias que han sido investigados durante años. Cuestionaron por qué los amigos tardaron tres horas en buscarlo si, según ellos, Alejandro solía comportarse de manera extraña al salir de fiesta.
«¿Por qué los amigos no volvieron a buscarlo como hicimos nosotros?»
La familia también expresó sus dudas sobre el manejo del móvil de Alejandro y la entrega de sus pertenencias a la Guardia Civil, lo que aumentó sus sospechas sobre un posible encubrimiento.
Testimonios y teorías
Pedro Landeras, amigo de Alejandro desde la infancia, ofreció su versión al periódico. Según Landeras, en su grupo no había asesinos ni psicópatas, y aseguró que si hubiera visto algo sospechoso lo habría comunicado a las autoridades. Sugirió que Alejandro podría haberse perdido y refugiado en algún lugar para protegerse del frío.
«En nuestro grupo de amigos no hay ningún asesino ni psicópata. Si aquel día hubiese visto algo raro se lo habría contado a la Guardia Civil»
El amigo relató que la niebla y el frío de esa noche pudieron haber contribuido a la desorientación de Alejandro. Cerca de tres años después, vecinos encontraron restos óseos a cuatro kilómetros de la cabaña, los cuales fueron confirmados como pertenecientes a Alejandro.
Investigación forense y archivo del caso
Una vez identificados los restos mediante una pieza dental, los forenses analizaron los huesos, pero la falta de tejido blando impidió establecer la causa de muerte y realizar un análisis toxicológico. Al no poder determinar ni la causa ni la fecha de la muerte, y después de tomar declaración a todos los presentes en el cumpleaños, la jueza de Reinosa archivó el caso en octubre de 2023.
El entorno cercano de Alejandro manifestó su extrañeza sobre cómo aparecieron los restos en una zona previamente revisada sin encontrar nada. Además, consideraron improbable que Alejandro hubiera llegado andando hasta el lugar donde se encontraron sus botas.
«Nos resulta muy extraño que después de tanto tiempo apareciese el cráneo y unos huesos de Alejandro a la vista, en una zona por la que se le buscó y no se vio nada»
A pesar del cierre del caso, persisten las incógnitas sobre lo que realmente ocurrió aquella noche y cómo Alejandro terminó en el monte. La familia ha decidido finalmente pasar página, agradeciendo a las fuerzas de seguridad y a los medios por su apoyo, con la esperanza de encontrar descanso y paz.
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