Joven emprende a los 22 años con su propia churrería ambulante

Ernest Aymerich Montañola, un joven artesano de 22 años de Artés, ha cumplido su sueño de abrir su propia churrería ambulante, L’Artesenca, el pasado octubre. Con ingredientes de alta calidad como la harina del Penedès y el chocolate belga, su negocio se destaca por la simplicidad y la excelencia. Aymerich ha apostado por una estrategia comunicativa en redes sociales en catalán para conectar con su audiencia y hacer realidad su pasión por el comercio ambulante.

Ernest Aymerich Montañola, un joven de 22 años originario de Artés, ha hecho realidad su sueño de emprender un negocio propio al lanzar una churrería ambulante en octubre pasado. L’Artesenca, su negocio, se centra en ofrecer productos tradicionales de alta calidad, como churros, chocolate a la taza y cortezas de trigo. Aymerich destaca la importancia de utilizar ingredientes de primera categoría, como la harina del Penedès y el chocolate belga.

El nacimiento de un sueño

Desde una edad temprana, Ernest Aymerich sintió una conexión especial con el mundo de los negocios ambulantes. “Mi sueño era abrir un negocio ambulante”, afirma Aymerich. La idea de dar vida a espacios que pasan desapercibidos le resultó siempre atractiva. Actualmente, su churrería opera los domingos de 8 de la mañana a mediodía en un lugar estratégico junto a la biblioteca de Artés, donde los clientes pueden disfrutar de una experiencia acogedora.

Detrás de la decisión

Aymerich decidió abrir una churrería inspirado por Manu, un amigo cuya familia ya se dedicaba a este negocio. Con el apoyo de otro amigo, Miquel, adquirió un remolque de segunda mano en Valencia, dando inicio a su aventura empresarial. Aunque el comienzo fue desafiante, asegura que la ilusión y la paciencia son clave para superar las dificultades iniciales.

El camino hacia la excelencia

Determinado a ofrecer churros de calidad, Aymerich se dedicó a aprender y perfeccionar la receta familiar de su amigo Manu. A pesar de los contratiempos, como la pérdida de una boquilla importante el día antes de la inauguración, Aymerich transformó las dificultades en oportunidades, creando las “delicias de churros”, un producto que rápidamente se convirtió en un éxito entre sus clientes.

Expansión y perspectiva futura

Con la llegada del buen tiempo, Aymerich planea seguir operando en Artés y participar en ferias locales en las regiones de Bages y Berguedà. Aunque ve su churrería como un hobby, reconoce que el negocio requiere mucho trabajo detrás de escena, desde la creación de contenido para redes sociales hasta la logística diaria de preparación y limpieza.

“Al terminar la carrera me planteé cómo podía aplicar lo que había aprendido a mi negocio”, comenta Aymerich sobre su formación en comunicación organizativa.

Además de gestionar su churrería, Aymerich trabaja en el ámbito de la comunicación organizativa, aplicando sus conocimientos para potenciar la presencia digital de su negocio. A futuro, planea combinar su experiencia en redes sociales con la gestión de su churrería, desarrollando una carrera como asesor de comunicación para otros negocios.

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Javier Rodríguez

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Redactor con experiencia en coberturas nacionales e internacionales. Defensor del periodismo de calidad y la verificación de fuentes, aborda la actualidad con análisis y perspectiva.

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